Los expertos consideran que el mundo está volviendo a la era preantibiótica. Ese tiempo en que una bacteria letal podía transformarse de la noche a la mañana en una catástrofe de salud pública y no había con qué combatirla.

Este diagnóstico no es una exageración, ya que, según la Organización Mundial de la Salud (OMS), hoy existen muchos microorganismos que son resistentes a los antibióticos de última generación.

Mientras tanto, solo el 25% de los países del mundo tiene planes para evitar la resistencia a los antibióticos, una situación que es posible mejorar, a juicio de la OMS.

Según un mapa sobre resistencia de antibióticos que publicó este organismo, en la región de América Latina, 21 países tienen cepas de E. Coli que son resistentes a antibióticos de tercera generación, algo que también sucede con una bacteria que produce neumonía, que se ha hecho multirresistente.

Por esto, la OMS ha pedido restringir el uso de estos fármacos para cuando sea estrictamente necesario, exigir receta y hacer un registro y seguimiento de los casos de resistencia. Además, pide que los países que no cuentan con programas de acción para frenar la resistencia a estos fármacos, los implementen dentro de dos años.

«Puede que estemos atrasados», dijo la doctora Sally Davies, jefa de la Oficina Médica de Gran Bretaña y consejera médica que lideró el debate de la OMS sobre estos planes. «Si miramos el aumento de la resistencia en el mundo, junto al aumento del uso de antibióticos y la falta de nuevas alternativas, esto podría ser una catástrofe», agregó.

Realidad chilena

«En Chile no existe un programa a nivel central ministerial que se esté ejecutando para prevenir esto», dice la doctora Marcela Cifuentes, microbióloga y jefa de la Unidad de Control de Infecciones del Hospital Clínico Universidad de Chile.

Solo existe una iniciativa de la Sociedad Chilena de Infectología, que es un comité de vigilancia de resistencias que permite saber lo que está sucediendo en los hospitales del país. «Pero no hay una política institucional que vea el tema con todos, como los agrónomos, veterinarios y la industria de los alimentos», agrega esta especialista.

«En la industria ganadera y pesquera existe poca regulación sobre el uso de antibióticos, los que están seleccionando gérmenes que son resistentes», dice el doctor Luis Miguel Noriega, infectólogo de Clínica Alemana y académico de la Facultad de Medicina de la U. del Desarrollo. Hoy, ya hay criaderos de aves que no usan antibióticos, gracias a ajustes en su producción.

En su opinión, faltan políticas para racionalizar el uso de estos fármacos, en sus dosis y plazos. «Por ejemplo, hay un uso excesivo a nivel de la consulta ambulatoria, lo que genera muchos problemas, porque el 50 a 60% de las indicaciones no son adecuadas», advierte.

Según dice, la mayoría de los centros de salud cuentan con su plan de control del uso de antibióticos, habitualmente a cargo de un infectólogo o de un microbiólogo.

El doctor Noriega es de la opinión de que la política central en esta materia debe apuntar a más educación de la población en este tema, porque muchas veces son los pacientes los que presionan para que se les indique un antibiótico. «Hay que hacer conciencia sobre este tema; eso es lo que nos falta en Chile. Y para esto hay que empezar a nivel escolar», afirma.

Los especialistas reconocen que el problema en el país no es tan grave como en las naciones desarrolladas, pero es algo preocupante. Hoy incluso se está volviendo a utilizar antibióticos antiguos que estaban en desuso, y como no hay resistencia a ellos, han podido usarse con éxito nuevamente.

El problema es que el país «firma convenios y acuerdos con la OMS, pero después no los cumple», puntualiza la doctora Cifuentes.

Fuente: El Mercurio

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