Los riesgos de salirse de la dieta durante las vacaciones

La dieta suele ser uno de los aspectos más afectados durante las vacaciones debido a que el relajo, el buen clima y el estar fuera del ambiente natural pueden aumentar la tentación de dejar de lado los hábitos saludables.

El Dr. Jean Camousseigt, nutriólogo de la Clínica Dávila, advierte que “romper hábitos puede tener consecuencias perjudiciales como un incremento significativo de peso debido a los cambios en la rutina, horarios y mayor consumo calórico”.

Así, entre los riesgos potenciales, está la posibilidad de desarrollar una gastroenteritis aguda.

“También, aquellos pacientes con riesgo cardiovascular o diabetes deben ser especialmente cautelosos, ya que una despreocupación durante las vacaciones podría desencadenar complicaciones graves como un coma diabético o descontrol en la glicemia”, detalla el especialista.

La Dra. Susana Velasco, líder del Centro de Obesidad de la Clínica Ciudad del Mar, agrega que “desviarse de la rutina alimentaria impacta en los niveles hormonales, aumentando la resistencia a la insulina y el riesgo metabólico a largo plazo. Este desequilibrio temporal en la dieta, caracterizado por el exceso calórico vacacional, provoca fluctuaciones en los niveles de glucosa y resulta en un aumento de peso”

Para mantenerse saludable, Paulina Mella, nutricionista de la Clínica Dávila Vespucio, sugiere “optar por alimentos sin azúcar y no descartar otras opciones saludables. Incorporar diariamente frutas, verduras y lácteos puede contribuir a la saciedad”.

Carola Pantoja, nutricionista de la Clínica Biobío, aconseja escoger alternativas saludables y apetitosas. “Se pueden consumir frutas de temporada, jugos o licuados con leche, además de granizados y limonadas. También, se pueden preparar ceviches, tártaros, carpacho, mariscos, gazpacho (sopa fría) y ensaladas o tortas de verduras”, detalla.

Estrategias post vacaciones

Para recuperar la rutina alimentaria, Bernardita Vignola, nutricionista de la Clínica Santa María, recomienda:

• Reorganización de tiempos: ajustar la planificación alimentaria según horarios previamente estructurados.

• Alimentación regular: retomar las cuatro comidas diarias para restablecer el equilibrio nutricional.

• Incorporación de actividad física: aumentar el gasto calórico y promover un estilo de vida activo.

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