Déficit atencional en el adulto: “En el conocimiento social se tiene la impresión de que el diagnóstico no existe”

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A diferencia de lo que ocurre en los niños, el déficit atencional (DA) en adolescentes y adultos es un tema muchas veces desconocido y poco diagnosticado. En entrevista con Ciencia y Salud el doctor Washington García, psiquiatra y especialista en esta patología, explica cuáles son las claves para entender el déficit atencional en este grupo etáreo.

Doctor, ¿cuál es la prevalencia de déficit atencional que existe en adolescentes y adultos?

El déficit atencional tiene una prevalencia del seis por ciento en niños y creo que en adultos que fueron niños que tuvieron déficit atencional que no fue tratado o bien el tratamiento fue incompleto, la prevalencia por lógica debe ser la misma.

¿Qué diferencias puede haber en la presentación en estas dos etapas de la vida?

La sintomatología del DA con hiperactividad o sin hiperactividad en niños y adolescentes es más o menos la misma, básicamente porque éstos últimos no tienen su personalidad formada a tan temprana edad. De hecho, neurológicamente y emocionalmente es un niño en cuerpo de grande, de tal manera que la diferencia entre niños y adolescentes es mínima. En adultos sí existe una diferencia grande porque el DA no diagnosticado presenta signos y síntomas que el paciente en general no considera como parte de una enfermedad sino más bien como una forma de ser de él.

¿Cómo es esta situación de asumirlo como una parte de la persona?

De algún modo en los años que va pasando su adolescencia, periodo en el que se estructura la personalidad de base, en el individuo afecta una formación normal y ocurren trastornos de personalidad por ejemplo la dependencia, trastornos obsesivos compulsivos o bien bipolares. En resumen, los adultos tienen los problemas de los adultos más las dificultades del DA, más los problemas que éste dejó en la personalidad. Esa persona que puede ser niño, adolescente o adulto que no sabe que tiene DA, piensa que es parte de su forma de ser porque en general, especialmente en la adultez, el cuadro no es diagnosticado.

¿Qué características tiene el paciente en este sentido?

Si tenemos un paciente que tiene un DA sin hiperactividad, clínicamente se observa como un paciente más bien retraído, tímido y con dificultades sociales, probablemente con un trastorno de aprendizaje en algún área del conocimiento, entonces empiezan a creer que ellos son muy malos socialmente.

¿Y esta falta de diagnóstico a la que usted se refiere a qué razones se podría atribuir?

Tengo la impresión, y esto está sacado de los años que llevo trabajando como psiquiatra, de que la sintomatología del paciente adulto con DA sin tratar tiene un componente muy emocional, que puede coincidir o no con su historia de vida, por ejemplo con un diagnóstico psicoanalítico o estructural de la personalidad. Los pacientes son absolutamente resistentes a una intervención psicoterapéutica efectuada incluso por años y presentan respuestas diferentes a algunos medicamentos en comparación al común de la población. Por ejemplo un psicoestimulante como el ritalin pudiera activar a una persona sin DA y hacerlo pasar una muy buena noche de fiesta, pero en un paciente con DA provoca sueño.

Estos pacientes pueden pasar años sin tratamiento o sin diagnóstico claro

Aparte de que la sintomatología no permite una buena evolución de la terapia, en general son pacientes que con el curso de años de tratamiento terminan siendo clasificados con un diagnóstico impreciso y en el rubro de pacientes crónicos, respecto de los cuáles no se puede hacer nada y se produce una fatiga natural del terapeuta en el sentido de derivarlo a otro colega para ver qué ocurre.

¿Qué dificultades existen en el área del diagnóstico?

El problema es que además de que ir al psiquiatra es difícil, estos pacientes muchas veces pueden consultar a otras especialidades como por ejemplo neurología, pero la sintomatología neurológica que está presente el neurólogo la ve, sin embargo aparecen muchos signos emocionales que no son de su especialidad y por lo tanto no tiene por qué interpretarlos desde un punto de vista psiquiátrico o psicológico. El paciente con DA residual es complicado de diagnosticar y queda en una especie de tierra de nadie donde no hay un especialista dedicado a atender a este tipo de pacientes, sino más bien lo que he visto en el medioambiente son neurólogos, psicólogos o psiquiatras que tienen un especial interés por el cuadro clínico. No es un diagnóstico que esté a primera mano.

En su experiencia, el paciente consulta por una motivación personal o es más a raíz de su entorno y cuál diría que son los motivos de consulta más frecuentes

Los motivos de consulta frecuente son variados. Uno bastante común, especialmente en gente joven, es porque tienen una vida relativamente plena y quizás exitosa, pero que está ligada al consumo de drogas, especialmente marihuana, cocaína y pasta base además de otras drogas blandas. Como ya tienen cierta edad, consultan por síntomas derivados del trastorno de personalidad que se está formando, es decir acuden por depresión, angustia o ataques de pánico que están relacionados con el abuso de drogas. Este paciente que no está en tratamiento por DA se ha estado “tratando” inconscientemente con psicoestimulantes, que en ellos no los estimulan sino que les quitan la angustia y la depresión. Consultan por esta cosa rara de estar mal sin droga y bien con ella.

¿Qué ocurre por ejemplo en pacientes que tienen relaciones como aquellos que tienen pareja?

Otro motivo de consulta muy frecuente es que la esposa se queje de que el matrimonio en si mismo es bastante plano y fome, donde se refieren al marido como alguien muy respetuoso y responsable, casi obsesivo, pero que en lo absoluto hacen cariño o se relacionan con los hijos y además tienen una frecuencia sexual bastante baja. Les llama la atención que cuando hay una fiesta el marido con unas cervezas se convierte en el alma de la fiesta.

¿Cómo es a su juicio la comprensión y difusión que existe en déficit atencional en adultos?

En el adulto creo que en el conocimiento social se tiene la impresión de que el diagnóstico no existe, creo incluso que la gente piensa que el DA es una enfermedad de los niños que llegada la adolescencia se quita y eso no es cierto. La enfermedad se compensa porque por ejemplo a un adolescente que sabe que socialmente es muy torpe y le gusta una niña, él mismo se obliga a aprender a bailar o a tener un discurso para conversar y sobrevivir socialmente en el grupo. En general, tengo la impresión de que el adulto con DA residual con o sin hiperactividad no sabe que tiene una enfermedad ni la familia tampoco.

¿Cuáles son las características más importantes que tienen el tratamiento y manejo?

Lo que he visto es que con el DA residual hay que tener un poco la suerte de apuntarle al diagnóstico, al medicamento y a la dosis porque no existen enfermedades, existen personas y aquí el criterio se cumple casi rigurosamente. Primero hay que hacer el diagnóstico general, luego ver cuáles son las características específicas que tiene esa persona y después indicar un medicamento que les pueda ayudar. En este sentido, prácticamente no hay muchos elementos que nos permitan decir qué medicamento va a andar bien o no, pero en general yo tiendo a utilizar o probar medicamentos que tengan una vida media más bien larga para poder evaluar cambios reales. La idea es que el paciente se alcance a dar cuenta de que no solo de día puede andar bien, sino que además puede dormir bien, porque el paciente con DA residual duerme muy mal porque el déficit está de día y de noche.

¿Cuál es el pronóstico en general que tienen estos pacientes con un buen diagnóstico y tratamiento?

Insisto en que hay que ver los pacientes caso a caso, pero si hemos tenido la suerte de hacer un buen diagnóstico y la persona tiene una buena respuesta a los medicamentos, encontrando una buena dosis, creo que es absolutamente necesario compensar la personalidad que ha sido alterada por años de DA sin tratamiento con una psicoterapia específicamente dirigida a rescatar las capacidades pérdidas por el déficit o aprender aquellas que no se adquirieron. En general el paciente con DA tiene baja autoestima por los daños que deja la enfermedad y hay cierta tendencia, no en la mayoría, a tomar los medicamentos y luego suspenderlos. Algunos pacientes con tratamiento obtienen poca mejoría, otros tienen una mejoría bastante aceptable y algunos, que no son pocos, obtienen una mejoría realmente espectacular que facilita el trabajo psicoterapéutico ya sea individual o de familia que les cambia la vida.

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