La presión arterial alta en la mediana edad está relacionada con un mayor daño cerebral en la vejez

La presión arterial más alta de lo normal está relacionada con un daño cerebral más extenso en los ancianos, según un nuevo estudio publicado este jueves en el ‘European Heart Journal’, la revista de la Sociedad Europea de Cardiología.

Concretamente, el estudio encontró una fuerte asociación entre la presión arterial diastólica (entre los latidos del corazón) antes de los 50 años y el daño cerebral en la vida posterior, incluso si la presión arterial diastólica estaba dentro de lo que normalmente se considera un rango saludable.

Los hallazgos provienen de un estudio de 37.041 participantes inscritos en el Biobanco del Reino Unido, un gran grupo de personas reclutadas de la población general de entre 40 y 69 años, y para quienes se disponía de información médica, incluidas resonancias magnéticas cerebrales.

La investigación, realizada por la doctora Karolina Wartolowska, investigadora clínica del Centro para la Prevención de Accidentes Cerebrovasculares y Demencia de la Universidad de Oxford, en el Reino Unido, buscó daños en el cerebro llamados “hiperintensidades de la materia blanca” (WMH por sus siglas en inglés).

Estos aparecen en los escáneres cerebrales de resonancia magnética como regiones más brillantes e indican daño a los pequeños vasos sanguíneos en el cerebro que aumenta con la edad y la presión arterial. Las WMH están asociadas con un mayor riesgo de accidente cerebrovascular, demencia, discapacidades físicas, depresión y disminución de la capacidad de pensamiento.

La doctora Wartolowska explica que “no todas las personas desarrollan estos cambios a medida que envejecen, pero están presentes en más del 50% de los pacientes mayores de 65 años y la mayoría de las personas mayores de 80 años incluso sin presión arterial alta, pero es más probable desarrollarse con una presión arterial más alta y más probabilidades de volverse grave”.

Se recopiló información sobre los participantes cuando se inscribieron en el Biobanco del Reino Unido entre marzo de 2006 y octubre de 2010, y los datos de seguimiento, incluidas las resonancias magnéticas, se obtuvieron entre agosto de 2014 y octubre de 2019.

“Para comparar el volumen de las hiperintensidades de la materia blanca entre las personas y ajustar el análisis por el hecho de que los cerebros de las personas varían ligeramente en tamaño, dividimos el volumen de WMH por el volumen total de materia blanca en el cerebro. De esa manera, pudimos analizar la carga de WMH, que es la proporción del volumen de WMH al volumen total de materia blanca”, explica la doctora Wartolowska.

Los investigadores encontraron que una carga más alta de WMH estaba fuertemente asociada con la presión arterial sistólica actual, pero la asociación más fuerte fue para la presión arterial diastólica pasada, particularmente cuando era menor de 50 años.

Cualquier aumento en la presión arterial, incluso por debajo del umbral de tratamiento habitual de 140 mmHg para la sistólica y menos de 90 mmHg para la diastólica, se relacionó con un aumento de la WMH, especialmente cuando las personas estaban tomando medicamentos para tratar la presión arterial alta.

Por cada aumento de 10 mmHg en la presión arterial sistólica por encima del rango normal, la proporción de carga de WMH aumentó en un promedio (mediana) de 1.126 veces y en 1.106 veces por cada aumento de 5 mmHg en la presión arterial diastólica.

Entre el 10% superior de personas con la mayor carga de WMH, el 24% de la carga podría atribuirse a tener una presión arterial sistólica superior a 120 mmHg, y el 7% podría atribuirse a tener una presión arterial diastólica superior a 70 mmHg, lo que refleja el hecho de que hay Hay una mayor incidencia de presión arterial sistólica elevada en lugar de diastólica en pacientes mayores.

“Hicimos dos hallazgos importantes –destaca la doctora Wartolowska–. En primer lugar, el estudio mostró que la presión arterial diastólica en personas de 40 y 50 años se asocia con un daño cerebral más extenso años después. Esto significa que no es solo la presión arterial sistólica, el primero, un número más alto, pero la presión arterial diastólica, el segundo, un número más bajo, que es importante para prevenir daño al tejido cerebral”.

La experta continúa explicando que “muchas personas pueden pensar en la hipertensión y los accidentes cerebrovasculares como enfermedades de las personas mayores, pero nuestros resultados sugieren que, si quisiéramos mantener un cerebro sano hasta bien entrados los 60 y 70 años, es posible que tengamos que asegurarnos de que nuestra presión arterial, incluida la presión arterial diastólica, se mantenga dentro de un rango saludable cuando tengamos entre 40 y 50 años”.

“El segundo hallazgo importante es que cualquier aumento de la presión arterial más allá del rango normal se asocia con una mayor cantidad de hiperintensidades de la materia blanca –prosigue–. Esto sugiere que incluso una presión arterial ligeramente elevada antes de que cumpla con los criterios para tratar la hipertensión tiene un efecto dañino en el tejido cerebral”.

La doctora resalta que estos estudios “sugieren que para garantizar la mejor prevención de las hiperintensidades de la materia blanca en la vejez, el control de la presión arterial diastólica, en particular, puede ser necesario en la mediana edad, incluso para la presión arterial diastólica por debajo de 90 mmHg, mientras que el control de la presión arterial sistólica puede ser necesario más importante en la vejez de la vida”.

El largo intervalo de tiempo entre los efectos de la presión sanguínea en la mediana edad y los daños en la vejez pone de relieve lo importante que es controlar la presión sanguínea a largo plazo, y que la investigación tiene que adaptarse para considerar los efectos a muy largo plazo de los problemas, a menudo asintomáticos, de la mediana edad, añade la doctora.

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