Científico chileno es candidato al premio Nobel por su contribución al conocimiento del Alzheimer

Desde los años 70 Ricardo Maccioni se encuentra investigando sobre la enfermedad del alzheimer, área a la que ha nutrido con importantes hallazgos como lo son la función de la Proteína TAU en el desarrollo de la enfermedad; la Teoría de la Neuroinmunomodulación y la generación de biomarcadores para la detección temprana con hasta 10 años de anticipación a su manifestación.

Sus contribuciones le han significado una serie de reconocimientos como el Alzheimer´s Award (2011) otorgado por la Alzheimer’s Association, la Cátedra Presidencial en Ciencias (1997) y el posicionamiento internacional del Centro Internacional de Biomedicina (ICC), el cual dirige, sosteniendo colaboraciones con entidades como la Alzheimer’s Association, la Dirección General XII de la Unión Europea, de la NSF de EE.UU. y el Council for Tobacco Research.

Hoy el doctor en ciencias y especializado en biomedicina, biología celular y molecular, cuenta con dos nominaciones al Premio Nobel de Medicina. “La nominación me tomó un poco por sorpresa”, reconoció el científico, recalcando que este hito responde al “aporte que el equipo de investigación (ICC) ha hecho a lo largo de 48 años creando un nuevo paradigma para conocer la enfermedad del alzheimer”.

Un nuevo paradigma para entender el alzheimer

El demostrar que la proteína TAU incidía en la manifestación del Alzheimer significó un cambio de paradigma. En los años 70 los estudios sobre esta enfermedad degenerativa estaban orientados a las “placas seniles” (acumulaciones de la proteína beta-amiloide entre las neuronas) y se sostuvo como teoría predominante hasta el 2000.

“Nos tomó 20 años conocer cómo la proteína TAU se relacionaba con el alzheimer”, comenta Maccioni. Demostró que la TAU (proteínas microtubulares ubicadas en los axones del sistema nervioso) al verse afectada inducia que la microglia produjera citoquina (moléculas proinflamatorias), las que intoxican las neuronas produciendo señales equívocas al cerebro. Este fenómeno provoca que la proteína TAU forme estructuras propias anómalas llamadas ovillos neurofibrilares, las causantes de llevar al colapso a las neuronas.

Sus investigaciones sobre la proteína TAU y la Teoría de la Neuroinmunomodulación -que describe el alzheimer como un proceso inflamatorio multifactorial, detallando el rol de la enzima responsable por la acumulación anómala de la proteína Tau-; Maccioni aclara que “este paradigma fue la base para generar potenciales medicamentos y formulaciones moleculares para el control de la enfermedad”.

Junto a su equipo del ICC, lograron desarrollar desde el 2000 biomarcadores para detectar el alzheimer antes de su manifestación en el organismo. “El biomarcador de cefalorraquídeo por una punción lumbar es un método probado en todo el mundo. No lo patenté y entregué esto como una donación a la humanidad. Es tan apremiante el tema del alzheimer que era necesario controlarlo desde ese entonces”, comenta el científico y académico de la Universidad de Chile.

El último biomarcador desarrollado fue llamado AlzTau®. Es una técnica no invasiva que, mediante una muestra de sangre, puede detectar la enfermedad con hasta 10 años de anticipación.

“Estamos en todos los frentes. Nuestro laboratorio desarrolla estudios en humanos con todo el equipo clínico que tenemos: médicos, psiquiatras y otros. Podemos desarrollar tecnología en productos finales que son usadas en todo el mundo. Eso es el valor de la investigación generada de la medicina “traduccional” en que trasladamos el conocimiento básico, original e innovador a la tecnología”, subraya Maccioni.

Dentro de las alternativas que han estudiado para frenar el alzheimer, está la fórmula creada a partir de derivados del shilajit Andino (ubicado en el norte de Chile), planta fosilizada que ya pasó los estudios preclínicos y los ensayos clínicos fases I y II, en dos hospitales de Santiago, que llevaron a demostrar su efectividad en la prevención y el tratamiento de esta enfermedad, un hallazgo “excepcional”, según califica el investigador.

“Los estudios indicaron claramente que esta formulación frena la agregación de las proteínas TAU. Es decir, que frena el deterioro cognitivo que sufre una persona con alzheimer en su fase inicial. Además, actúa en forma preventiva en personas que no están desarrollando los síntomas estructurales en el cerebro. Frena su avance y, por lo tanto, impide que la enfermedad se manifieste, lo cual es muy importante”, explica el experto.

El alzheimer desde una mirada integral

Las investigaciones y aplicaciones tecnológicas desarrolladas por Maccioni se han centrado en la prevención y control del alzheimer. Además, han aportado a la discusión una mirada multidisciplinar, que integra el detonante multifactorial que desencadena esta enfermedad mental.

El alzheimer se declara, en promedio, a los 65 años. Sin embargo, de forma excepcional se están reportando casos tempranos desde los 45 años. “Nosotros tenemos genes de susceptibilidad y estos pueden estar por mucho tiempo. A medida que envejecemos, estoy hablado desde el primer año de vida, se van expresando marcadores de envejecimiento. En la vejez algunos de esos genes de susceptibilidad se pueden expresar produciendo la enfermedad”, explica.

Este desarrollo va acompañado del estilo de vida que la persona adopta. Hay un equilibrio entre estas variantes. “No es que el alzheimer sea una enfermedad genética”, aclara Maccioni, pero complementa que “como todo el funcionamiento de las células depende de los genes de susceptibilidad, estos pueden estar callados toda la vida”. Sin embargo, pueden expresarse mediante malas prácticas como dietas inadecuadas, vicios como fumar o beber alcohol, no tener descanso y una serie de condiciones del estilo de vida que pueden llevar a desencadenar este deterioro cognitivo.

Desde esta perspectiva, Ricardo Maccioni enfatiza que uno de los principales desafíos en el estudio del alzheimer está en generar estrategias integrales que controlen y prevengan esta enfermedad. Además, apunta a la preocupación por quienes cumplen el rol de cuidadores de aquellos pacientes.

Por último, para continuar generando evidencia científica que ayude a controlar y prevenir, Maccioni hace un llamado a que el Estado aporte y financie la investigación en el país. “No es razonable que se estén haciendo investigaciones de nivel mundial que dan prestigio a Chile y no haya financiamiento para poder hacer investigación. Me parece irracional”, concluye.

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