Redes sociales y problemas de salud mental en adolescentes

Producto de la pandemia y el confinamiento, el uso de redes sociales por parte de niños y adolescentes subió en un 76% en 2020, en comparación 2019 a nivel mundial, según el estudio de Qustodio. Además, reveló que las redes sociales más utilizadas son Tik Tok con un 41%, seguido de Facebook con un 39% y de Instagram con un 33%.

Sin embargo, el uso de estas redes sociales puede tener implicancias en la salud mental de niños y adolescentes. Para el psiquiatra Otto Dörr, Premio Nacional de Medicina 2018, “hoy en día tenemos a jóvenes con mucha inseguridad y malestar interno, los que a su vez cuentan con menos herramientas propias para sortear las dificultades. Les resulta difícil interactuar de buenas a primeras con otra persona, ya que se comunican mejor a través de pantallas, llegando para algunos a convertirse en una situación bastante fóbica el contacto real con el otro”.

Consecuencias del uso excesivo de redes sociales

La Organización Mundial de la Salud (OMS) y expertos han advertido que en la adolescencia (que comprende entre los 10 y 19 años), se producen cambios físicos en el individuo, y también de personalidad que comienzan a definirlo. Por ello, el consumo excesivo de redes sociales puede causar graves daños en torno a la imagen corporal de los jóvenes.

Por ejemplo, Tik Tok e Instagram promueven el estereotipo femenino y masculino a través de los “influencers”. Esto lleva a que los jóvenes comiencen a compararse con otros generando inseguridad en sus cuerpos. “Nuestra mente y fortaleza emocional puede soportar la crítica de los cercanos, pero no la de cientos de miradas de quienes poco o nada sabemos”, explica Dörr. De esta forma, la estabilidad emocional se desvanece.

“Este hecho afecta mucho la estabilidad emocional del adolescente, tanto es así que, al no sentirse aprobados por su comunidad virtual de las redes sociales, y no conseguir la supuesta popularidad, se desaniman y les acecha un vacío que quieren volver a llenar acudiendo nuevamente a las redes sociales.  Se gatilla una suerte de adicción a la pantalla en donde no se es capaz de dejarla, lo que paradójicamente se acompaña de más sentimiento de soledad y desánimo”, indica el doctor Dörr.

Otro peligro relacionado con las redes sociales es la adicción. Un estudio elaborado por la Royal Society for Public Health y el Young Health Movement en Gran Bretaña, sostiene que cerca del 91% de los jóvenes entre 16 y 24 años ocupa el internet para acceder a las redes sociales. Estiman que un 5% puede desarrollar una adicción a ellas, considerada más fuerte que la que ocurre con el alcohol y cigarros.

Ante esto, el Premio Nacional de Medicina 2018, sostiene que “las redes sociales están creadas para producir adicción. Las adicciones se definen por la pérdida de control, deterioro social y el creer que se puede manejar la conducta”.

Dentro de las consecuencias de la adición están los problemas para dormir, problemas de autoestima al estar constantemente comparándose con otros y el desarrollo de depresión al sentirse ignorado o excluido de su entorno. “Este pasar ‘atrapado’ en las redes sociales, es el perderse, no saber quién se es, perder la libertad, ser manejado respecto a los gustos, pensamientos, decisiones.  La inteligencia artificial maneja al sujeto para sus fines, sobre todo al más joven”, manifiesta Otto Dörr Zegers.

Recomendaciones

A pesar del contexto mundial que vivimos, es necesario regular la exposición a redes sociales. Es deber de los padres y/o cuidadores estar atentos a los contenidos que consumen niños y adolescentes y percatarse de los cambios de conductas.

El psiquiatra Dörr considera que es importante que los niños no tengan acceso a las redes sociales hasta cumplir la mayoría de edad y limitar su consumo, puesto que gran parte de los problemas de salud mental que experimentan hoy los jóvenes se deben a la actual forma de vivir.

“Estamos viendo cada día más problemas relacionados con la salud mental juvenil que se asocian a nuestro modo de vivir, con ello me refiero a los trastornos de personalidad limítrofe, las conductas de autolesionarse sin tener intención de suicidarse, todas patologías que tienen en común la dificultad para consolidar su identidad, es decir para saber quién se es, que me pasa, que siento.  Son jóvenes que finalmente no logran entrar bien al mundo adulto porque no sólo desconocen quiénes son, sino que cuentan con menos herramientas para enfrentar las dificultades de la adultez”, explica.

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