¿Cómo manejar el síndrome de intestino irritable asociado al dolor y la ansiedad?

El síndrome del intestino irritable (SII) es un trastorno funcional digestivo. Esto significa que su causa se debe a alteraciones en el funcionamiento o a la sensibilidad del tubo digestivo, pero que no hay una causa que pueda ser evidenciada por las pruebas diagnósticas habituales (incluyendo estudios endoscópicos).

El SII se caracteriza por dolor o malestar abdominal fluctuante a lo largo de un tiempo, que se acompaña temporalmente del cambio en las características y en la frecuencia de las deposiciones. Si bien estos síntomas también se pueden presentar en otras enfermedades, el SII es su causa más frecuente.

El doctor Luis María Bustos-Fernández, en un trabajo publicado en 2019 sobre “Tratamiento actual del síndrome de intestino irritable: una nueva visión basada en la experiencia y la evidencia”, sostiene que “la falta de un esquema de eficacia óptima y la fisiopatogenia multifactorial son algunas de las razones por las que se ha intentado tratar esta condición con intervenciones que van desde modificaciones de la dieta hasta psicoterapia”.

Según el especialista, la etiopatogenia del SII y de los trastornos funcionales gastrointestinales es consecuencia de una concatenación de factores que incluyen alteraciones de motilidad, hipersensibilidad visceral, liberación de mediadores de inflamación, interacciones del eje cerebro-intestino, factores psicosociales y alteraciones de la microbiota intestinal que se relacionan con sobrecrecimiento bacteriano del intestino delgado (SIBO) y disbiosis del colon.

En las “Directrices globales de la Organización Mundial de Gastroenterología. Síndrome del intestino irritable: una perspectiva global” (2015), coordinadas también por el doctor Bustos – Fernández, se plantea que el panorama mundial de la prevalencia del síndrome del intestino irritable dista mucho de ser completo, ya que no se dispone de datos de varias regiones.

Además, las comparaciones de datos de diferentes regiones suelen ser problemáticas debido al uso de diferentes criterios de diagnóstico (en general, cuanto más “laxos” son los criterios, mayor es la prevalencia), así como la influencia de otros factores como la selección de la población, la inclusión o exclusión de trastornos comórbidos (p. ej., ansiedad), el acceso a la atención médica y las influencias culturales.

El tratamiento del SII en personas ansiosas

En entrevista con Ciencia y Salud a inicios de la pandemia, el experto argentino que fue uno de los autores del trabajo “Prevalencia mundial y carga de los trastornos gastrointestinales funcionales (TFGI), resultados del estudio global de la Fundación Roma”, publicado en Gastroenterology, la prestigiosa revista de la American Gastroenterological Association, explicaba que los investigadores realizaron un estudio epidemiológico global de los trastornos gastrointestinales funcionales, por medio de una encuesta efectuada en más de 73 mil adultos, hombres y mujeres, de 33 países y seis continentes.

Según detalla el artículo, “los trastornos digestivos, ahora denominados trastornos de la interacción intestino-cerebro, tienen importantes efectos económicos en los sistemas de atención de la salud, afectan negativamente la calidad de vida y se sabe poco sobre su global prevalencia y distribución”.

Este estudio multinacional a gran escala determinó que más del 40% de las personas en todo el mundo tienen TFGI, que afectan la calidad de vida y la salud.

Una de las principales dificultidades para el manejo del SII es su enfoque multifactorial. Partiendo de este modelo, se plantea un tratamiento en tres niveles: enfoque tradicional o periférico que busca solucionar el síntoma principal, enfoque central con la utilización de psicofármacos y/o terapias psicológicas, y modulación de la microbiota intestinal con dieta, prebióticos, probióticos y antibióticos.

De acuerdo al sitio Infogastrum, un proyecto informativo para pacientes gracias a la cooperación entre la Asociación Española de Gastroenterología (AEG) y las Sociedades Latinoamericana, el síndrome del intestino irritable es un trastorno intestinal funcional recidivante definido por criterios de diagnóstico basados ??en síntomas, en ausencia de causas orgánicas detectables. El conjunto de síntomas no es específico para el SII, ya que estos síntomas pueden ser experimentados ocasionalmente por casi todas las personas.

Para distinguir el SII de los síntomas intestinales transitorios, los expertos han subrayado la naturaleza crónica y recidivante del SII y han propuesto criterios de diagnóstico basados ??en la tasa de aparición de los síntomas y su duración.

Dentro de las medidas propuestas, el documento destaca la necesidad de identificar y explorar las preocupaciones del paciente, enfatizando en en la importancia de una relación positiva entre el médico y el paciente. Los síntomas y la angustia del paciente deben aceptarse como reales y deben discutirse las ansiedades del paciente relacionadas con los síntomas y posibles diagnósticos, con el objetivo de eliminar preocupaciones innecesarias.

A nivel farmacológico, en el caso del tratamiento del SII con dolor en personas ansiosas, una de las combinaciones más utilizadas y mejor toleradas es la combinación de bromuro de clidinio con clordiazepóxido.

El bromuro de clidinio inhibe el tono y la motilidad gastrointestinal y disminuye además la secreción acidopéptica gástrica, mientras que el clordiazepóxido es una benzodiazepina que tiene acción sedante específica contra los estados de ansiedad y tensión psíquica, lo que permite a su vez controlar las manifestaciones somáticas.

Su acción ansiolítica se debe a su acción selectiva sobre el sistema límbico, sin ejercer efecto sobre otros centros cerebrales, de manera tal que inhibe la irradiación de los impulsos excitatorios emotivos que originan trastornos funcionales periféricos, sin afectar el área sensorial ni la conciencia.

Sin embargo, los especialistas coinciden en que uno de los aspectos más relevantes del manejo del SII está en desarrollara una buena relación entre el médico y el paciente. El SII, como toda patología funcional, se encuentra muy ligado a factores psicosociales y puede llegar a producir una marcada disminución en la calidad de vida del paciente, que en general suelen consultar a muchos médicos y en más de una oportunidad. Estudios han demostrado que una buena relación medico-paciente disminuye la ansiedad de los pacientes y tasa de reconsulta en forma importante

 

 

 

 

 

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