Avances en el tratamiento del Síndrome de Intestino Irritable

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Ciencia y Salud conversó con el Dr. Luis Bustos Fernández, destacado especialista que ha ocupado los cargos de Presidente de la Sociedad Argentina de Gastroenterología y Presidente de la Sociedad Latinoamericana de Neurogastroenterología. Además, el profesional fue uno de los coordinadores de la “Guía Práctica de la Organización Mundial de Gastroenterología de 2015”.

Recientemente el Dr. Bustos Fernández fue uno de los autores del trabajo “Prevalencia mundial y carga de los trastornos gastrointestinales funcionales (TFGI), resultados del estudio global de la Fundación Roma”, publicado en Gastroenterology, la prestigiosa revista de la American Gastroenterological Association.

Los autores realizaron un estudio epidemiológico global de los trastornos gastrointestinales funcionales, por medio de una encuesta efectuada en más de 73 mil adultos, hombres y mujeres, de 33 países y seis continentes.

Según detalla el artículo, “los trastornos digestivos, ahora denominados trastornos de la interacción intestino-cerebro, tienen importantes efectos económicos en los sistemas de atención de la salud, afectan negativamente la calidad de vida y se sabe poco sobre su global prevalencia y distribución”.

Este estudio multinacional a gran escala determinó que más del 40% de las personas en todo el mundo tienen TFGI, que afectan la calidad de vida y la salud.

El Dr. Bustos Fernández explica que, en este trabajo impulsado por la Fundación Roma, a nivel de Latinoamérica participaron Argentina, Colombia, Brasil y México.

“Los criterios de Roma empezaron a nacer a fin de los años 80 y principios de los 90. Fueron variando desde el I y el criterio de Roma IV se mantiene desde 2016”, apunta el especialista agregando que “muchas veces pasa que cuando uno pone más fino el criterio, la prevalencia y el diagnóstico del Síndrome de Intestino Irritable (SII) va disminuyendo, porque la persona puede tener lo que se llama trastornos intestinales funcionales como el mismo SII, pero existe también la diarrea funcional, la constipación funcional, la distensión abdominal funcional o el dolor abdominal crónico, toda una serie de elementos”.

Los resultados del trabajo demostraron que la prevalencia del SII es entre el 3 y el 4% en los distintos países, pero para interpretar este dato hay que tener en cuenta otros factores.

“Si sumamos todos los distintos tipos de síndromes que encontramos, el SII, la diarrea funcional, la constipación funcional o la distensión abdominal funcional, se llega casi al 50% de la población”, enfatiza.

En este mismo contexto, profundiza: “Por ejemplo en el SII aparece el dolor como un dato muy importante y los desórdenes de la evacuación, tanto diarrea como constipación. Y al mismo tiempo si uno tiene constipación, pero no tiene tanto dolor, entramos en la constipación funcional. Y lo mismo pasa en la diarrea funcional y la distensión abdominal funcional”.

De acuerdo a los resultados del trabajo, señala el especialista, el elemento de prevalencia más importante en números ha sido la constipación funcional.

“Lo que es más común en los pacientes es tener dificultades evacuatorias sin una causa orgánica determinada y uno puede llegar a tener estos desórdenes de la evacuación sin tanto dolor. Por eso no entraría dentro del grupo del SII. Pero lo que es interesante es que ahora vamos a tener un armamento para poder hacer trabajos de investigación porque todos vamos a hablar con el mismo nombre y apellido. Este trabajo va a ser la guía general mundial para dictaminar cuáles son las prevalencias”, recalca el Dr. Bustos Fernández.

Comprensión y entendimiento de la fisiopatología

Uno de los aspectos en los que ha existido mayor avance en Síndrome de Intestino Irritable tiene relación con el entendimiento de la fisiopatología.

“Hace mucho al SII algunos lo llamaban intestino espasmódico. Se pensaba que era un trastorno de la motilidad digestiva, o sea un problema de un músculo que se contraía fuerte y hacía un espasmo, por eso utilizábamos nada más que los antiespasmódicos”, explica el especialista, agregando que a medida que han pasado los años se empezaron a encontrar distintos tipos de mecanismos fisiopatológicos.

Primero fue la percepción visceral. “O sea, más allá de que uno pueda tener el espasmo que me hace doler, el intestino es hipersensible y entonces el mismo estímulo que en otros momentos no me va a producir el síntoma, en otros momentos determinados sí lo va a hacer”, señala el Dr. Bustos Fernández explicando que muchas veces esto puede estar relacionado a aspectos psicológicos.

“Se siguió avanzando, porque todo esto se pensaba que era más periférico: o sea tenías un espasmo o tenías una sensibilidad mayor en forma periférica. Entonces se empezó a ver el concepto del eje cerebro intestinal, es decir, que el eje no estaba solamente en el intestino, sino que esto se correlacionaba con efectos del sistema nervioso central, que obviamente tenía que ver con todo lo del exterior”, puntualiza.

Además, en los últimos años empieza a aparecer un actor nuevo, la microbiota intestinal.

“Lo que llamábamos eje cerebro intestinal, ahora se llama eje cerebro intestinal microbiota, en que las bacterias que tenemos en el intestino, que forman parte de lo que históricamente se denominaba flora bacteriana, empiezan a tener un factor muy interesante no solo por el hecho de la fermentación, sino también por la acción que esto tiene sobre distintos mediadores de la inflamación”, sostiene el profesional.

Al hablar de inflamación, puntualiza el especialista, no solo se refiere a lo que se hincha, sino a los distintos marcadores y mediadores de la inflamación, donde se habla de procesos proinflamatorios o antiinflamatorios que se generan con la liberación de sustancias que se llaman interleuquinas.

“En esto tiene que ver un montón la microbiota intestinal, porque hay distintas bacterias que son proinflamatorias o antiinflamatorias. Encima de todo, hoy se le da importancia a la permeabilidad intestinal, que es la capacidad que tiene el intestino para hacer que pasen unas cosas de un lugar a otro. Vendría a ser como la piel que divide el medio externo o el interno”, destaca el Dr. Bustos Fernández.

En este mismo sentido, plantea que dentro de la luz del intestino existe una gran cantidad de bacterias.

“Cuando por distintas razones uno modifica la permeabilidad intestinal, se produce lo que se llama inflamación de bajo grado. No es que el paciente tenga una enfermedad inflamatoria del intestino, como es una colitis ulcerosa o un Crohn, en la cual, si hago una endoscopía y veo úlceras, sino que se produce un proceso inflamatorio, pero de bajo grado, que es subclínico”, apunta.

Tomando en cuenta estos nuevos conocimientos, el Dr. Bustos Fernández enfatiza en que para el tratamiento del SII, cada vez es más importante considerar el rol de la microbiota intestinal.

“Modulándola con dieta, con antibióticos o con probióticos, que es el formato que uno puede llegar a utilizar más allá de los medicamentos clásicos del SII, que son más periféricos o sintomáticos”, comenta.

Uso de probióticos

El Dr. Luis Bustos Fernández destaca que existe abundante evidencia científica sobre el aporte de modular la microbiota con probióticos para el SII, aunque la duda sigue siendo cuál es la mejor forma.

“Los probióticos son organismos vivos que pueden llegar a ser bacterias, pero hay veces en que también son honguitos, como levaduras y demás, que intervienen en el tubo digestivo, empiezan a aparecer adentro de la luz del intestino con efectos muchas veces antiinflamatorios y antimicrobianos. Uno tiene que tratar de comprender a la microbiota intestinal como un ecosistema. Y este ecosistema puede llegar a ser que esté estable o que esté inestable, o que también el ecosistema tenga gran diversidad de microorganismos o no tanta, entonces la utilización de probióticos nos ayuda a tratar de que esté bastante más estable”, explica.

Y en esta misma línea profundiza: “El tema que siempre se pregunta uno es cuál. Yo puedo dar hermosísimas explicaciones de lo que significan los probióticos y cuáles son, pero tienes mucha variedad porque puedes tenerlos como alimentos funcionales, o sea los yogures y puedes tener los medicamentosos, que pueden ser monocepa o multicepa”.

Tomando en cuenta el estado actual del conocimiento sobre la utilidad y efectividad de los probióticos, el especialista señala que a futuro la clave estará en saber cómo afecta cada uno la microbiota.

“Lejos el probiótico que ha tenido más evidencias en el SII es el bifidobacterium infantis 35624. Pero yo acabo de terminar un trabajo que esperamos publicar este año, en el cual hemos utilizado el saccharomyces boulardii, que también está en la comercialización y es un producto que se vende más como un antidiarreico que como un probiótico, y vimos que produce una mejora en el SII, produciendo cambios en un mecanismo de diagnóstico. Creo que es importante porque estudiar la microbiota pertenece más al área de la investigación que al diagnóstico clínico de todos los días”, señala el experto.

Dar respuesta al paciente

El Dr. Bustos Fernández enfatiza en que para un correcto manejo del SII, el factor emocional es muy importante, pero no es el único.

“No es que viene el paciente y lo tengo que mandar al sicólogo en la primera consulta, tenemos que tratar de comprender un poco más la sintomatología que tiene este paciente. Nuestra cabeza está pensada nada más que en el síntoma, o sea si tengo dolor tomo un antiespasmódico, si tengo diarrea un antidiarreico, si tengo constipación un laxante. Por eso, darnos cuenta que la modulación de la microbiota intestinal nos puede llegar a ayuda es un aporte y entonces uno podría plantear dietas. La dieta de moda ahora es la baja en fodmaps, que son unas siglas para explicar lo que son los elementos fermentecibles”, detalla.

Sin embargo, este tipo de intervenciones tienen el gran problema de que son difíciles de mantener en el tiempo.

“Cuando uno mantiene por un tiempo largo una dieta baja en fodmaps empieza a tener un deterioro de la microbiota intestinal. Y por ejemplo hay bacterias como las bifidobacterias, que son protectoras, entonces se produce una disminución porque en sí no le estamos dando de comer a las bacterias. Tengo menos síntomas porque fermento menos, pero se empieza a producir una disbiosis secundaria a eso”, señala.

Es en este contexto donde, según explica el Dr. Fernández Bustos, la utilización de probióticos surge como una importante alternativa.

Para el profesional, el concepto más importante es transmitirle al clínico que el SII no es solo un tema asociado al sistema nervioso o que solo requiere de la indicación de un antiespamódico. Con el tema de la microbiota intestinal y su modulación se empieza a cambiar el paradigma del tratamiento del SII, aspecto al que deberían apuntar los médicos con este tipo de pacientes.

“Los clínicos son un eslabón importantísimo, pero muchas veces tienen poco tiempo, no pueden conversar y entonces el paciente rebota. Generalmente los clínicos también están enganchados en enfermedades más severas o complicadas y como nadie se va a morir de SII, a veces el paciente es tratado un poco con desdén. Y es un paciente que está sufriendo mucho”, comenta.

En este mismo sentido, el profesional comenta sobre una encuesta realizada en Argentina en junio de este año donde revisaron cuáles eran los síntomas principales que se habían incrementado en el aparato digestivo durante la cuarentena.

“Casi el 40% de las personas que estaban haciendo la cuarentena empezaron a tener síntomas digestivos. Entonces los pacientes que por ahí tenían SII hace cuatro o cinco años y estaban pasando épocas de más tranquilidad, ahora la pandemia les gatilló la sintomatología”, afirma.

Finalmente, el mensaje del especialista hacia el cuerpo médico es el de abordar el problema del SII más allá de su gravedad.

“Aunque una persona tenga una enfermedad que no es grave, sufre mucho y por lo tanto le tenemos que dar importancia”, enfatiza.

 

 

 

 

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