Estudios alertan sobre las consecuencias de abusar de los fármacos para el reflujo

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Su consumo indiscriminado se asocia con problemas como las fracturas óseas o las infecciones, razón por la que los especialistas recomiendan no ingerirlo sin la adecuada indicación médica.

Desde que aparecieran en el mercado, aproximadamente en 1988, los medicamentos inhibidores de la bomba de protones y entre éstos, el Omeprazol, ha sido ampliamente utilizado en el tratamiento de desórdenes relacionados con la hiperacidez, como las molestias esofágicas asociadas al reflujo, la úlcera péptica y las gastropatías inducidas por el uso de medicamentos, principalmente analgésicos antiinflamatorios no esteroidales.

Es por esto que no llama la atención que antes de una comida pesada, para prevenir una mala digestión o incluso como ‘protector’ del estómago frente a ciertos medicamentos, este tipo de fármacos han pasado a ocupar un lugar privilegiado en los botiquines, muchas veces sin haber sido recetados por un especialista.

Considerando esta falsa sensación de inocuidad, varios trabajos publicados en la revista ‘Archives of Internal Medicine’ recuerdan esta semana que, lejos de ser fármacos inofensivos, estos medicamentos también pueden provocar efectos adversos, por lo que no deben tomarse a la ligera.

Los inhibidores de la bomba de protones están indicados para inhibir la acidez en pacientes con patología ulcerosa o problemas como el reflujo gastroesofágico y deben utilizarse en circunstancias concretas y durante un tiempo concreto. Entre otros problemas, este tipo de fármacos se han asociado con una reducción de la efectividad de los antitrombóticos, un mayor riesgo de neumonía, un incremento de las fracturas en mujeres postmenopáusicas o un incremento en las posibilidades de sufrir infecciones de origen bacteriano.

Precisamente sobre estos dos últimos riesgos aporta nuevos datos la revista médica. Una de las investigaciones, que realizó un seguimiento durante casi ocho años a 130.487 mujeres postmenopáusicas, puso de manifiesto que el riesgo de sufrir una fractura en antebrazos, muñecas o columna era más alto entre aquellas mujeres que consumían habitualmente estos medicamentos.

Pese a que estos investigadores no encontraron ninguna asociación significativa entre el consumo de estos fármacos y el riesgo de fracturas en la cadera –una de las zonas más frecuentes-, en sus conclusiones sugieren que sus resultados deberían tenerse en cuenta en la práctica clínica.

“En las personas que requieren una terapia a largo plazo con inhibidores de la bomba de protones, es razonable pensar en usar la dosis efectiva más baja, asegurarse de que la ingesta de calcio es la adecuada y, si es necesario, añadir suplementos de calcio [para mejorar la calidad ósea]”, comentan estos científicos de la Universidad de Washington (EEUU).

Otros dos trabajos que se publican esta semana en ‘Archives of Internal Medicine’ demostraron una asociación significativa entre el consumo de estos medicamentos y el riesgo de volver a padecer una infección a causa de la bacteria ‘Clostridium difficile’.

Según sus datos, los pacientes que, además del tratamiento habitual contra este patógeno, ingieren habitualmente un fármaco para el reflujo, tienen un riesgo significativamente más alto de recaídas y de que la infección se reproduzca.

Ácidos protectores

Tal como explican los autores de estos trabajos, esto podría deberse a que los ácidos gástricos podrían tener un papel importante a la hora de proteger al organismo de las infecciones causadas por este patógeno. Mermar su capacidad, ayudaría, por tanto, a la proliferación de la bacteria.

Otro de los estudios que publica la revista científica, muestra cómo la experiencia de introducir unas guías de prescripción médica en centros hospitalarios redujo considerablemente el uso de estos fármacos entre los pacientes.

En un editorial que acompaña a estos trabajos, Mitchell H. Katz, del Departamento de Salud Pública de San Francisco (EEUU) reflexiona sobre los datos disponibles y subraya que es necesario reducir el uso de estos medicamentos y esto “requiere la acción tanto de especialistas como pacientes”.

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