Excesivo aumento de peso en el embarazo pone en riesgo la salud de los hijos

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Según una investigación estadounidense donde fueron estudiados todos los nacimientos en Michigan y Nueva Jersey entre 1989 y 2003, las mujeres que engordan demasiado durante el embarazo tienen bebés más grandes, lo que pone a sus hijos en riesgo de engordar más adelante.

En el estudio, los científicos se concentraron en las mujeres que tenían más de un hijo para excluir la posibilidad de que las madres genéticamente predispuestas a la obesidad sencillamente hubieran transmitido esos genes a sus bebés.

Entre las más de 513.000 mujeres y sus 1.100.000 hijos analizados, los científicos hallaron que las mujeres que habían aumentado más de 24 kilogramos durante su embarazo tenían bebés 150 gramos más pesados al nacer que los infantes de mujeres que sólo habían aumentado 10 kilos.

“Nunca es demasiado pronto para empezar a prevenir la obesidad”, afirmó Stephan Rossner, profesor en la unidad de obesidad del Hospital Karolinska en Suecia que no participó en el estudio. “Puede ser incómodo para las madres comer menos y cambiar su estilo de vida, pero después de nueve meses harán un gran favor a sus hijos”.

En Estados Unidos, más de un tercio de las mujeres de peso normal y más de la mitad de las mujeres excedidas de peso y obesas engordaron más de lo que sus médicos les recomendó.

El Instituto de Medicina, una organización independiente sin fines de lucro que asesora al gobierno estadounidense, dijo que las mujeres de peso normal deberían engordar de 11 a 16 kilogramos durante el embarazo, y las mujeres gordas y obesas de 5 a 11 kilos.

Los bebés más pesados corren un riesgo significativamente mayor de mantenerse pesados durante toda su vida, dijo el doctor David Ludwig, director del programa Peso Optimo para la Vida en el Hospital de Niños en Boston, uno de los autores del estudio. Los bebés más grandes también corren mayor riesgo de desarrollar problemas más adelante durante su vida incluso asma, alergias y hasta cáncer.

El estudio, publicado en la revista médica Lancet, y fue financiado por el Instituto Nacional de Salud de Estados Unidos.

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