“El problema más grande que enfrentamos en la actualidad en Chile es la falta de órganos”

Share on facebook
Share on twitter
Share on linkedin

En Chile los trasplantes de órganos siguen siendo un aspecto donde hay mucho que avanzar. Pese a que el desarrollo técnico médico es muy bueno, la falta de órganos continúa siendo la piedra de tope. Educación y difusión son algunos de los pilares para cambiar esta situación según el doctor Alvaro Kompatzki, urólogo y especialista en trasplantes.

Doctor, ¿a su juicio cuáles es el problema más grande que existe en Chile en el área de trasplantes?

El problema más grande que enfrentamos en la actualidad en Chile es la falta de órganos. Si tuviéramos disponibilidad de órganos, tenemos la capacidad para hacer todos los trasplantes que sean necesarios porque existen los recursos técnicos y financieros. Los problemas técnicos para la realización de trasplantes en general son mínimos, con niveles y resultados parejos en todo Chile.

A qué atribuyen esta falta de órganos

Hay una serie de mitos. Lo primero que hay que entender es que existen dos tipos de donantes: los vivos y los cadavéricos. Los donantes vivos en general se han mantenido estables durante el año, aunque es un cifra baja. Por ejemplo una persona que dona un riñón en vida está muy bien estudiada y la donación es algo voluntario, nos preocupamos mucho de esto para evitar el turismo de trasplantes o el tráfico de órganos. En Chile los centros que hacen trasplantes son serios y nunca ha habido un caso de este tipo.

¿Qué ocurre con una persona fallecida al momento de ser donante?

Hay que tener claro que no cualquier persona que  muere puede ser donante. En general cuando hablamos de potenciales donantes, son las personas que están en muerte encefálica. Habitualmente esto es producido por algunos traumatismos, o bien la gente que muere por accidentes vasculares encefálicos ya sea por malformación arteriovenosa, aneurismas accidentes vasculares en general. Esta causa de muerte ha ido aumentando relativamente en Chile.

¿Existe algún tipo de mito o resistencia a aceptar la muerte encefálica?

Cuando se hace el diagnóstico correcto de muerte encefálica, aunque suene obvio, la persona está muerta y esto es irreversible. Estos pacientes están en unidades de cuidados intensivos y con un soporte que los mantiene vivo, ellos por sus medios no podrían vivir. Mucha gente cree que cuando una persona llega grave al hospital, los médicos o el sistema van a tratar de no hacer todo lo suficiente para salvar a ese paciente y convertirlo en donante. La verdad es que esto es absolutamente falso.

¿Qué es lo que ocurre en la realidad?

Lo que se hace es avisar a la Coordinadora Nacional de Trasplante cuando un paciente está muy grave y con mal pronóstico para observar lo que está pasando. Sin embargo, los pacientes son manejados hasta el último momento y con máximo profesionalismo por el equipo médico que tiene como deber tratar de salvar la vida del paciente. Nunca ha ocurrido que una persona con diagnóstico de muerte encefálica revierta su situación.

Cuál es a su juicio el gran concepto que debe difundirse a nivel de la población para tomar conciencia de la importancia de la donación de órganos

Esto es un asunto de solidaridad. El concepto es hacer que los órganos de esta persona que está con muerte encefálica no se pierdan bajo tierra sino que puedan ser utilizados en otra persona que los necesite. Mejorar la educación y la red de pesquisa para potenciales donantes. Este es un trabajo que también debe entender la sociedad, que es algo serio y responsable. Nosotros nos creemos un país solidario, pero tengo mis dudas, por ejemplo si una persona que no quiso ser donante necesitara en 20 años más un órgano, ¿no le gustaría recibir uno? En esta misma lógica, una persona que firma que no quiere ser donante podría firmar que no quiere ser receptor.

¿Qué opinión le merece la legislación que dicta que todos somos donantes universales salvo manifestar lo contrario?

Como técnicos nos opusimos porque es una ley que está hecha sin la educación a la comunidad, impulsada por una elite que por buenas razones busca evitar el tráfico y aumentar las donaciones, pero desoyeron la opinión de los técnicos. Esto hizo que el mensaje fuese mal recibido por la gente.

Decir que todos somos donantes y sin una buena explicación, es algo difícil de entender para la gente. No importa si una persona haya declarado su voluntad de ser donante, siempre se le va a pedir la autorización a la familia.

¿Cómo debiese ser entonces la política o las iniciativas en este sentido?

Esto tiene que ser popular, pero se hizo sin educar a la gente. En España, que son los campeones mundiales en el trasplante de órganos y donde también existe la ley de donante universal, también se le pide la autorización a la familia, pero la gran diferencia es que allá existe una cultura y educación al respecto.

¿Cuáles son las áreas en las que debemos avanzar entonces?

El problema no está en la donación, porque teníamos buena tasa de aceptación por parte de los familiares. El gran tema es que no estamos diagnosticando a toda la gente que potencialmente podía ser donante, se moría gente y los coordinadores no eran informados. Estos pacientes requieren un manejo, soporte y seguimiento especial, entonces si los equipos de salud no avisan los órganos se deterioran.

Artículos relacionados