Cirugía laparoscópica urológica en Antofagasta: Una especialidad en pleno desarrollo

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La cirugía laparoscópica urológica ha tenido un considerable crecimiento en la última década, trayendo consigo un incremento en el número y complejidad de procedimientos realizados.

Dr. Baldo Espinoza, urólogo

El interés por esta técnica radica en su carácter mínimamente invasivo, lo que genera una menor reacción inflamatoria de respuesta al stress quirúrgico, implicando un menor requerimiento de analgésicos, una pronta recuperación, hospitalizaciones más abreviadas, un rápido reintegro a la vida laboral y finalmente un mejor resultado estético.

Antofagasta, no ha sido la excepción en este desarrollo y el doctor Baldo Espinoza Cohen, urólogo y especialista en esta técnica, explica a Ciencia y Salud los alcances y aportes que ha traído la cirugía laparoscópica a la urología moderna.

¿Cómo parte la cirugía laparoscópica a nivel local?

La cirugía laparoscópica en el norte se inicia gracias a la motivación de los urólogos de la zona para alcanzar nuevos horizontes. Si bien está todo centralizado en la capital, acá los especialistas teníamos ganas de abrir esta nueva faceta de la urología moderna. Antes de mi llegada en el año 2007, los doctores que ya tenían más experiencia traían especialistas de Santiago para hacer los primeros procedimientos laparoscópicos.

¿Y cómo ha sido el desarrollo, a qué nivel están actualmente?

Armamos equipo y estamos haciendo prácticamente lo mismo que en Santiago. Afortunadamente ahora, entre Arica y Copiapó, diría que Antofagasta es el único lugar donde se realiza este tipo de  cirugía.

¿Qué características tiene la técnica y qué ventaja entrega a los pacientes?

La técnica utiliza casi el  mismo  instrumental que para la cirugía laparoscópica convencional, por lo tanto no se requiere de una gran inversión para realizarla, por el hecho de ser mínimamente invasiva la recuperación y el daño producido a los tejidos se reduce al mínimo, evitando en ocasiones resecar costillas y realizar gran daño muscular y nervioso.


¿Cuáles son las patologías más frecuentes a las que se enfrentan en la zona?

Lo que más resolvemos acá en el norte por todo este entorno “químico” especial, que entrega el arsénico, es la patología tumoral. La gente que trabaja en las mineras, en Tocopilla o María Elena, muchas veces se surten de aguas que no están muy limpias. La patología neoplásica de la vía urinaria en Antofagasta es extremadamente alta comparada con el resto de Chile.

Los tumores de uretra, que son sumamente raros, a modo de ejemplo mis profesores habrán visto dos o tres en 30 años de profesión, mientras que aquí yo en cuatro años he visto 10 o 12. Lamentablemente son tumores que no terminan bien, porque como son tan poco frecuentes ninguna guía clínica o los oncólogos pueden manejarlos.


Es una situación compleja entonces…

A mis colegas les digo que en Antofagasta debiésemos ser el centro de referencia de todo esto porque tenemos una casuística importante tanto a nivel nacional como internacional.

Y en términos de diagnóstico, ¿se hace de forma precoz o tienen dificultades?

Lamentablemente hay un subdiagnóstico ya sea por falta de consulta o información de los pacientes. Debemos además considerar que por la actividad minera de la región la población flotante es enorme, la gente hace sus turnos y se va, por lo que es muy difícil hacer educación sobre este tipo de patologías que es mortal

¿Cómo ve la evolución de este tipo de técnica en Antofagasta?

En este momento soy el único que lo hace, pero la idea es formar equipos e interesar a otros colegas que se integren para poder ampliarnos y desarrollar esta especialidad en Antofagasta. Como en todas las cosas, uno no puede trabajar solo. Hay que masificar y los beneficiados no seremos nosotros sino los pacientes.

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