Una falsa tranquilidad ante enfermedades infectocontagiosas que tienen hoy medicamento o vacunas para combatirlas y que creíamos erradicadas,  es también un arma de doble filo. De hecho la única enfermedad erradicada 100% del planeta es la viruela, aunque se mantiene reservas del virus en laboratorios europeos. El resto están controladas en distintos niveles según los sistemas sanitarios de cada país.

Con epidemias que sólo aparecían en los libros de historia, claramente las enfermedades que “reemergen” también lo han hecho  en Chile, como ha quedado demostrado con los cuatro casos confirmados de sarampión hasta ahora.

A estos se suman hoy un caso confirmado de difteria en España, más otros ocho menores portadores del mortal bacilo en ese país donde era considerada “enfermedad extremadamente rara” pero que sí sigue circulando en Rusia y algunas ex repúblicas soviéticas.

Ante condiciones o factores que disminuyen la capacidad de cada individuo para enfrentar virus y bacterias, las enfermedades infectocontagiosas reemergentes  aprovechan cualquier debilidad inmunológica de las personas para reproducirse. Este es el punto que marca la diferencia crucial para enfrentar enfermedades sin tratamiento, y por tanto, mortales en cierto porcentaje.

Las razones de este debilitamiento o mayor susceptibilidad de la población apuntan, según la médico salubrista Nelly Baeza y encargada del Programa de Salud Pública de la U. Central, en el caso de las enfermedades de origen bacteriano, a una resistencia creciente a los antibióticos, y a la falta de conciencia de riesgo. “En el caso de las provocadas por los virus, el mayor problema radica en los últimos años al aumento de personas sensibles a los gérmenes porque sus padres han optado por no vacunarlos. Como las personas no han vivido estas enfermedades, no saben lo peligrosas que son, no la sienten como una amenaza, entonces el decidir no vacunarse es fácil.  Los papás de hoy no padecieron las epidemias que padecimos la gente que ya tenemos 50 años” explica Baeza.

Agrega que “en general hay dos o tres antivirales que sirven para algunos virus específicos pero con el resto pasa lo mismo que con el Sida  o con el ébola, en que no hay tratamiento  y es la inmunidad de cada persona  que se pone en juego y  que determina salir bien de la enfermedad o fallecer”. Ante este cuadro las personas más vulnerables ante las epidemias de enfermedades reemergentes como el sarampión son las inmunodeprimidas, es decir enfermos de cáncer, lupus, artritis reumatoide u otros cuadros que comprometen sus  defensas, y que por lo tanto, por esa misma condición, no  pueden vacunarse.

Otros factores que marcan la diferencia en la proliferación  de las enfermedades contagiosas son el intenso tráfico migratorio entre países, y el relajo individual de las medidas de prevención. “La gente no siempre se lava las manos o cuece los mariscos. No tienen temor al cólera porque piensa que no existe, pero no es así. Medidas de higiene tan básicas como éstas previenen el cólera y tienen que implementarse siempre” opina Baeza.

En el caso del sarampión y enfermedades hoy poco conocidas, influye también el conocimiento de casos “de enfermedades antiguas” en las nuevas generaciones de médicos. “Una cosa es leer sobre una enfermedad y otra cosa es ver un caso y tratarlo. En mi caso que yo sí vi sarampión cuando estudiaba, la gente que sale ahora no lo reconoce, entonces es posible que pasen de largo casos de sarampión como una enfermedad exantemática (con alteraciones en la piel) sin mayor importancia”, puntualiza Baeza.

Fuente: La Tercera