Hace unos días la Liga Chilena de la Epilepsia publicaba en su página de Facebook lo siguiente:

IMPORTANTE: GRIFOCLOBAM

Como Liga Chilena contra la Epilepsia, entendemos la preocupación de nuestros pacientes ante la ausencia de Grifoclobam. Sin embargo, queremos señalar que la escasez de este producto se debe exclusivamente a un problema generado en el laboratorio que lo elabora y que no está en manos de nuestra Institución poder solucionar.

De acuerdo a la última información que recibimos de Laboratorio Chile, respecto a este tema, esperamos poder contar con este medicamento en nuestras sedes a partir de la próxima semana. En el intertanto, ante la falta de su medicamento, le recomendamos consultar con su médico tratante a la brevedad”.

Desde los comentarios que personas dejan en la página uno intuye que tal fármaco –cuyo precio bordea los $17.000 y que tiene solo un registro sanitario en el ISP perteneciente al Laboratorio Chile– se utiliza principalmente en niños. Frente a la escasez del producto en la Liga, padres y pacientes deberán comprarlo en farmacias privadas a un mayor precio del que suelen considerar.

De este escenario se pueden extraer preocupaciones. Lo primero es que ciertos pacientes (en menor o mayor cuantía) tienen dificultades para acceder a ciertos de medicamentos, debiendo muchos financiarlos desde el propio bolsillo familiar. Lo segundo es que, lo que podríamos denominar como “Red Farmacéutica” que considera lo público y lo privado, funciona de manera desarticulada para dar solución a los problemas que se presentan en el manejo farmacológico de muchas enfermedades. Finalmente, y quizás lo más preocupante, es que los esfuerzos por investigar y/o producir medicamentos no encuentran su epicentro en el país, sino más bien en acciones dependientes de capitales extranjeros, como en este caso Laboratorio Chile, y que se extiende a la investigación que realiza la industria trasnacional y el funcionamiento de los recetarios magistrales, dependientes de las farmacias de cadena y algunas otras.

Lamentablemente, las políticas que actualmente se discuten e implementan en el país en materia de medicamentos no se harán cargo de ninguna de estas consideraciones. Más bien, en su diseño e implementación se han visto envueltas en sus propias dificultades y entrampamientos.

Por ejemplo, la Ley Ricarte Soto que fuera despachada el mes de mayo al Senado para su discusión y que ha generado gran expectativa en parte importante de la población, ha tenido que lidiar con una serie de confusiones conceptuales y estrategias de priorización que no han incentivado a plantear la idea de fortalecer la investigación y producción nacional de medicamentos.

Por otro lado, la Ley de Fármacos devenida de acusaciones de colusión de precios sitúa al medicamento como un problema exclusivamente de privados que se resuelve con un aumento de la frecuencia y rigurosidad de las exigencias y fiscalizaciones, desaprovechando la oportunidad de plantear una nueva relación pública-privada para fortalecer el funcionamiento del sistema de salud y enriquecer la discusión sobre medicamentos en el país, por ejemplo, mejorando las estadísticas nacionales de consumo de medicamentos.

Finalmente, el Programa Fondo de Farmacia para Enfermedades No Transmisibles cuyo propósito es “contribuir a la entrega de servicios de salud accesibles y oportunos a la población beneficiaria a cargo de la atención primaria mejorando el acceso y la disponibilidad de medicamentos” resulta más bien una respuesta de programa presidencial a las ineficiencias de las Garantías Explícitas en Salud para las condiciones que cubre, y en su implementación –a mi parecer algo apresurada– escasamente se reconoce la heterogeneidad de las realidades existentes a los largo de los centros de atención primaria de salud, poniendo importantes presiones en el funcionamiento de un sector público en permanentes inestabilidades.

Lo que estamos viviendo en materia de salud debería invitarnos a reflexionar sobre las políticas de salud que estamos generando para el país. En relación con los medicamentos, esto es particularmente urgente, ya que es a través de estas tecnologías que gran parte de las enfermedades atendidas por el sistema de salud se resuelven o controlan. La liviandad de los argumentos y diagnósticos nos han llevado justamente a propuestas que no impiden que los problemas de salud nos sigan estallando en nuestra cara.

Los problemas de acceso, eficacia y seguridad de medicamentos difieren de las lógicas habituales de las políticas de salud y de lo que se podría entender desde la Red Asistencial de Salud. Estas tecnologías son más bien efecto del despliegue de una red sociotécnica de agentes sociales, lenguajes e instrumentos tecnológicos cuya extensión, en el caso chileno, considera la participación y agenciamiento de instituciones como el Instituto de Salud Pública (ISP), Central Nacional de Abastecimiento (CENABAST), las empresas informáticas, los laboratorios farmacéuticos, las farmacias (privadas y públicas), los centros de información de medicamentos, CONICYT, los grupos de pacientes, las asociaciones gremiales, entre otros muchos. Una adecuada coordinación y el esfuerzo por estabilizar el funcionamiento de esta red generarán mejores resultados en salud para la población.

Resultados importantes hemos tenido en nuestra historia. El Arsenal Farmacológico del Seguro Obrero que dio paso a la política del Formulario Nacional de Medicamentos y que aseguraba la producción de fármacos a través del entonces estatal Laboratorio Chile es una muestra de aquello. La creación del Instituto Bacteriológico (hoy ISP) y la producción nacional de vacunas y de penicilina nos recuerdan que hemos contado con las capacidades para resolver nuestros problemas locales.

Los problemas actuales en materia de fármacos nos llaman a la reflexión densa y la discusión colectiva, ejercicio muchas veces postergado frente a la necesidad de apagar incendios y responder a mandatos elaborados desde la oficina de los expertos. Si en su momento fuimos parte importante de la historia de la farmacia, no veo por qué hoy, con mejores condiciones y más preparados, no estemos convencidos que podemos en conjunto resolver los desafíos que tenemos en materia farmacéutica.

Q.F. José Luis García

Publicada en “El Mostrador”