OPS presenta “Informe de situación regional 2020: Prevenir y responder a la violencia contra las niñas y los niños en las Américas”

La Organización Panamericana de la Salud presentó un análisis sin precedentes de los datos nacionales sobre la violencia contra niños, niñas y adolescentes en la Región de las Américas. Según el reporte “Informe de situación regional 2020: Prevenir y responder a la violencia contra las niñas y los niños en las Américas”, aunque los países han adoptado importantes medidas, subsisten grandes brechas en los enfoques de prevención y respuesta que dejan a muchas personas atrás.

De acuerdo al análisis, plantea la OPS, este problema ha cobrado mayor urgencia en medio de la pandemia de COVID-19. Los datos iniciales indican que la pandemia está asociada con un mayor riesgo de violencia doméstica, también contra niños y niñas. El confinamiento, el estrés, la ansiedad, el consumo de sustancias psicoactivas y las preocupaciones sociales y económicas a causa de la COVID-19 pueden provocar conflictos familiares. Entretanto, la pandemia ha supuesto una relación limitada de los niños con amigos y familiares, y con los servicios de salud y protección que podrían haber brindado apoyo.

“La violencia contra niños y niñas tiene consecuencias devastadoras y de por vida para ellos”, afirmó la Directora Adjunta de la OPS, Mary Lou Valdez. “Además, la COVID-19 intensifica el problema, dado que aumenta los factores desencadenantes de la violencia doméstica. Es vital que los países presten atención a la violencia contra niños y niñas en estos tiempos de mayor tensión, y que empleen las estrategias basadas en la evidencia que han resultado eficaces para abordar este dañino problema”, señaló.

El “Informe de situación regional 2020: Prevenir y responder a la violencia contra las niñas y los niños en las Américas” se basa en datos provenientes de una encuesta mundial que respondieron 31 países.

El estudio representa la primera vez que los gobiernos han informado sobre los avances en el marco de INSPIRE, un conjunto de siete estrategias basadas en la evidencia para prevenir y dar respuesta a la violencia contra niños y niñas.

Entre estas estrategias, que tienen las mayores posibilidades de reducir la violencia contra niños y niñas, se incluyen la ejecución y cumplimiento de la legislación, el cuestionamiento de las normas y los valores sociales que justifican el uso de violencia, la creación de entornos físicos seguros para niños y niñas, la prestación de apoyo a progenitores y cuidadores, la consolidación de los ingresos y la seguridad económica, la mejora de los servicios de respuesta y apoyo a niños y niñas, y la provisión de educación y aptitudes para la vida a niños y niñas.

Estos son algunos resultados clave del informe:

  • Todos los países deben fortalecer la ejecución de los planes de acción y la aplicación de la legislación para abordar la violencia contra niños y niñas. Si bien todos afirman disponer de leyes que prohíben el estupro, solo un 29% declara que es sumamente probable que los infractores reciban sanciones, lo que sugiere un alto nivel de impunidad.
  • Se han realizado avances sustanciales en la aplicación del marco de INSPIRE, aunque el progreso es desigual. Por ejemplo, el 76% de los países declara el apoyo a los enfoques de prevención de la violencia en el marco de la educación y las aptitudes para la vida, como programas contra el acoso escolar en las escuelas, y un 60% de los países afirma brindar apoyo a progenitores y cuidadores de acuerdo con el marco INSPIRE. Solo un 37% de los países informan que brindan apoyo a los enfoques de fortalecimiento de los ingresos y la economía para prevenir violencia contra niños y niñas.
  • Muy pocos niños y niñas tienen acceso a los programas y servicios que previenen y dan respuesta a la violencia. Más del 90% de los países indica que dispone de servicios clínicos para niños y niñas víctimas de violencia sexual, pero solo un 26% declara alcanzar a todas o casi todas las víctimas. Solo el 16% afirma que los servicios de salud mental para niños y niñas sobrevivientes llegan a todos los que los necesitan.

La Directora Adjunta de la OPS sostuvo que “debido a la devastadora carga de la violencia para los niños, niñas y adolescentes de la Región, así como para sus familias y comunidades, instamos a que todos los países mantengan los progresos y fortalezcan la ejecución y la eficacia de estos enfoques basados en la evidencia”. Valdez destacó que “nadie debe quedarse atrás. Un niño que ha sufrido violencia debe disponer de acceso oportuno a servicios de salud y protección que sean de calidad.”

“La violencia contra los niños y niñas es la prioridad principal de UNICEF en América Latina y el Caribe y seguiremos trabajando estrechamente con los gobiernos de todos los países de la región, con nuestros organismos afines de las Naciones Unidas y con la Alianza para Acabar con la Violencia”, dijo Youssouf Abdel-Jelil, Director Regional Adjunto de UNICEF. “La violencia, incluidos los homicidios, se puede prevenir y debemos actuar conjuntamente para poner fin a este crimen”, concluyó.

La violencia contra niños y niñas adopta múltiples formas, como el maltrato por parte de adultos desde una posición de autoridad, el acoso y las peleas entre compañeros, la violencia sexual y de pareja o las agresiones asociadas a pandillas. La violencia se ha vinculado con problemas de salud físicos, sexuales, reproductivos y mentales, así como con costos socioeconómicos, como el rendimiento escolar inferior, un mayor riesgo de desempleo y de pobreza, y la asociación con pandillas y delincuencia organizada.

El informe, que supone un hito para la Región, ofrece un punto de referencia que puede servir de fundamento para futuros esfuerzos a medida que las Américas avanza hacia la Agenda 2030 para el Desarrollo Sostenible, que incluye metas específicas relacionadas con la violencia contra niños y niñas.

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