Estudio de la NASA identificó los problemas de salud que sufre el cuerpo humano cuando está en el espacio

Los viajes de los astronautas a la luna y a la Estación Espacial Internacional (EEI) son el primer paso de lo que sería una serie de misiones a los sectores inexplorados del cosmos. Sin embargo, estas misiones tienen consecuencias para los humanos, pues el cuerpo no está adaptado para enfrentar la exposición a la gravedad y la radiación.

Adicionalmente, la realización de este tipo de investigaciones no es fácil, principalmente por el escaso número de personas que ha podido estar en el espacio.

Para solucionar esto, un grupo de más de 200 científicos unieron sus conocimientos para recopilar el mayor conjunto de datos sobre las consecuencias que tienen en el cuerpo humanos los viajes al espacio, registrando investigaciones que incluyen a astronautas, ratones e insectos que han ido a la Estación Espacial Internacional.

El estudio encabezado por The Georgetown Lombardi Comprehensive Cancer Center incluyó más de 30 estudios que se realizaron donde identificaron seis cambios moleculares claves que tendrían un serio impacto en la salud de los astronautas: Daño en el ADN, estrés oxidativo, alteraciones de la longitud de los telómeros, cambios en el microbioma, disfunción mitocondrial y regulación genética.

El estrés oxidativo se relacionó a cambios moleculares observados, lo que tendría efectos en el sistema cardiovascular, nervioso central, musculoesquelético, inmunológico y gastrointestinal, además de provocar alteraciones en los ritmos circadianos y cambios en la visión de los astronautas.

Por otra parte, se detectó evidencia de daños en el ADN, descubriendo que los telómeros (que actúan como tapas en los extremos de los cromosomas para protegerlos) viajeros espaciales se alargaron debido al estrés oxidativo crónico.

Asimismo, los expertos creen que el origen de muchas de las alteraciones a la salud que sufren los astronautas tendrían como origen un problema más amplio, denominado disfunción mitocondrial. Las mitocondrias generan la energía química necesaria para las células, pero al verse expuestas a una gravedad o radiación alterada, funcionan incorrectamente.

Finalmente, una investigación analizó a moscas nacidas en la EEI y descubrió que sus corazones eran más pequeños y menos eficientes para bombear sangre, por lo que los viajeros en misiones prologadas podrían sufrir algo similar. Los corazones de estos insectos son similares a los de las personas cuando están en el útero.

Los científicos consideran importante lograr comprender estos cambios, ya que en un futuro no muy lejano se planean misiones de vuelos espaciales de largo plazo a lugares como Marte. La colección de 30 estudios fue publicada en una serie de artículos en la revista Cell y otras afiliadas.

 

Compartir este artículo

Artículos relacionados

En un artículo de revisión publicado en Nature Cardiovascular Research por expertos en cardiología, neumología y ciencias de investigación básica del Brigham and Women's Hospital, los investigadores exponen la evidencia que demuestra cómo el asma alérgica y otras alergias asociadas pueden ser factores de riesgo de CVD y cómo los medicamentos administrados para tratar el asma también puede influir en el riesgo de ECV.
Se cree que la corteza cerebral es la sede del procesamiento consciente en el cerebro. En lugar de inactivarse, algunas células específicas de la corteza cerebral muestran una mayor actividad espontánea durante la anestesia general que cuando se está despierto, y esta actividad se sincroniza entre esas células corticales. Una mejor comprensión de los mecanismos neuronales de la anestesia general podría dar lugar a mejores fármacos anestésicos y a mejores resultados quirúrgicos.