Dra. Verónica Rocamora: “Estamos en una situación crónica del virus y de repensar las estrategias sanitarias”

El coronavirus se extendió por todo el mundo y ha significado un gran desafío para los gobiernos, especialistas y organismos gubernamentales. Es un virus desconocido para la comunidad científica y médica, que representa un grave riesgo para la población de tercera edad y pacientes con enfermedades crónicas al no saber cómo tratarlo.

Hasta la fecha, 1,6 millones de personas han fallecido a causa de la Covid-19. El primer caso en Chile se confirmó el 3 de marzo y, a pesar de los antecedentes que había sobre el virus en Europa y China, las medidas de las autoridades no fueron inmediatas y no se evitó el riesgo sanitario que, hasta hoy, registra 573.830 casos acumulados y 15.931 personas fallecidas. “Estamos en una situación muy larga y crónica”, dice Verónica Rocamora, doctora en comunicación social de la Universidad Complutense de Madrid.

Se cumplen 10 meses de convivencia con el SARS-CoV-2, con estrategias impuestas por la autoridad que han sido cuestionadas por la comunidad médica y científica del país y que también ha profundizado la desconfianza de la ciudadanía con las políticas adoptadas por el gobierno de Sebastián Piñera.

La académica de la Escuela de Periodismo de la Universidad de Santiago de Chile, identifica tres puntos clave que han marcado la estrategia comunicacional del gobierno: el juego por la credibilidad que venía afectada desde el estallido social de octubre, la poca transparencia en la transmisión de información y las campañas comunicacionales que no han atendido todas las necesidades de la población.

Además, la comunicación de riesgo que ha llevado el gobierno no ha cumplido con el trabajo de proporcionar las herramientas necesarias para enfrentar y protegerse de la emergencia sanitaria, con relación a su entorno cercano y la amenaza que significa este virus para los distintos grupos de riesgos.

Transparencia de la información

La gestión de Mañalich estuvo marcada por el cuestionamiento hacia la información que se emitía diariamente a través del balance de Covid-19. Un reportaje de CIPER Chile reveló que los datos que el Ministerio de Salud (Minsal) emitía a la Organización Mundial de la Salud (OMS) no coincidían con los que eran entregados a la ciudadanía. Además, los cambios para contabilizar el número de muertos y contagiados agudizaron la desconfianza hacia la información que era compartida.

Este escenario de cambios arbitrarios y el constante cuestionamiento por parte de la comunidad médica y científica, profundizaron la desconfianza de la ciudadanía respecto a las medidas sanitarias y reportes de Covid-19 en el país. “Nunca hay que olvidar que la comunicación es relacional. Yo no creo en un mensaje por sí mismo, yo confío siempre en torno a la fuente de la cual proviene”, destaca la experta en comunicación en salud.

El estudio “Entornos de información sobre COVID-19 y adopción de conductas preventivas en población general y grupos de riesgo”, que está próximo a publicar sus resultados, arrojó que existen grupos con alta credibilidad en la población chilena, entre ellos, el personal de salud junto con el Colegio Médico. Para Verónica Rocamora, investigadora del proyecto, es importante aprovechar estos grupos para comunicar de forma efectiva los cuidados preventivos, políticas sanitarias y los reportes diarios de Covid-19.

En cuanto a la llegada de Enrique Paris como ministro de salud, la académica comentó que “el recambio implicó cambios y estilos comunicacionales importantes. Sin embargo, hemos visto reiteradamente cómo a veces se ha dado información contradictoria que termina confundiendo a la población. La poca claridad de la información entregada ha generado controversias respecto a los datos. Creo que no ayuda ese manto de poca transparencia en la comunicación”.

La estrategia de responsabilizar al individuo

La campaña comunicacional del gobierno, en un inicio se centró en las medidas sanitarias preventivas para evitar el contagio y la resiliencia del pueblo chileno para enfrentar una nueva crisis. Sin embargo, para junio, la campaña se tornó más agresiva mostrando casos crudos con un fuerte llamado a la responsabilidad individual.

Esta estrategia respondió al crudo escenario que se vivó esos meses, donde los contagios y muertes ascendían de forma diaria, a pesar de las medidas que la autoridad estaba definiendo. El llamado al auto cuidado parecía ser un factor clave para aplanar la curva, aunque no siempre estaban las condiciones para que todas las personas pudieran cumplir con las medidas establecidas.

“Echarle la culpa a la población de que las campañas fallan porque no se ponen la mascarilla, significa que no se están viendo otros elementos que son muy importantes. Por ejemplo, qué posibilidad tiene una persona de mantener distancia social si tiene que viajar diariamente en un transporte público que no se lo permite, qué posibilidades tienen las personas de aislarse o quiénes tienen el privilegio de trabajar desde casa. Gran parte de la población no puede”, argumenta la Dra. Verónica Rocamora.

Las personas tienen agencia para realizar cambios que les ayuden a prevenir contagios y problemas de salud. Sin embargo, en este contexto de pandemia, existen limitaciones estructurales que muchas veces no permiten que las personas cumplan en su totalidad con las medidas sanitarias.

“Estamos frente a un virus que nos puede afectar a todos, pero no nos va a afectar de la misma manera. El riesgo, en ese sentido, no está distribuido de la misma forma. No todas las personas están en las mismas condiciones de cumplir las medidas generales”, reflexiona la académica y añade “si yo le digo a alguien que tome distancia social y en su cotidianidad no puede hacerlo, se termina normalizando el riesgo, naturalizando ciertas situaciones”.

Respecto a las medidas sanitarias que ha adoptado el gobierno, estas tampoco han sido recibidas con claridad por parte de la población, generando desaprobación y cuestionamiento respecto a las actividades que son limitadas y las que no.

“Cuando se toman medidas que se perciben como arbitrarias, contradictorias y no se entiende por qué se están tomando, genera confusión y poca credibilidad. El tener que explicar tanto y utilizar a distintos voceros para respaldar las medidas establecidas no es una buena señal que ayude a la comunicación de riesgo”, explica.

Comunicación de riesgo para tratar la Covid-19 en el 2021

Aún queda un largo camino para que la Covid-19 no signifique un problema grave de salud a nivel mundial. Laboratorios como Pfizer y Moderna ya cuentan con vacunas que parecen ser efectivas para contrarrestar el virus. Sin embargo, especialistas detallan que, para frenar la pandemia, al menos un 70% de la población debe estar vacunada y quizá, ese criterio se cumpla del último trimestre de 2021.

El virus se ha prolongado por casi un año en el país afectando a la sociedad. En los últimos días los casos de contagios han aumentado y se han debido tomar algunas medidas como volver a Fase 2, para la Región Metropolitana e ir monitoreando comunas regionales para decidir si estas avanzan o retroceden en el plan de cuarentena dinámica que el Minsal ha establecido.

La académica indica que es momento de repensar y reconstruir los sentidos de autocuidado y las estrategias sanitarias, que estas coincidan para no confundir a la población respecto a la gravedad y la presencia del virus.

“Hay que seguir trabajando con la idea de que el virus efectivamente no se ha ido, que incluso, si llegara la vacuna, necesitamos seguir implementando medidas de cuidado y que estas no son solo individuales. Hay que seguir manejando la trazabilidad, los espacios donde se generan mayores contagios y acompañar esas estrategias de salud fuertemente”, aclara la experta.

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