La diabetes aumenta diez veces el riesgo de enfermedad coronaria prematura en mujeres

Las mujeres menores de 55 años con diabetes tipo 2 tiene un riesgo diez veces mayor de tener cardiopatía coronaria durante las siguientes dos décadas, según un estudio publicado en la revista ‘JAMA Cardiology’.

Aunque las muertes relacionadas con enfermedades cardíacas han disminuido entre las personas mayores, los estudios sugieren que las tasas de mortalidad entre los pacientes más jóvenes se han estancado o han aumentado ligeramente.

Investigadores del Hospital Brigham and Women’s y la Clínica Mayo, ambos en Estados Unidos, analizaron más de 50 factores de riesgo en 28.024 mujeres que participaron en el Estudio de la Salud de la Mujer, de décadas de duración, con el objetivo de comprender qué factores ponen a las personas más jóvenes en mayor riesgo de enfermedad coronaria prematura.

“Desafortunadamente, personas cada vez más jóvenes teniendo ataques cardíacos. Cuando un individuo más joven tiene un evento cardiovascular, afectará su calidad de vida en el futuro, su productividad y su contribución a la sociedad”, señaló Samia Mora, del Brigham’s Center for Lipid Metabolomics en la División de Medicina Preventiva y profesora asociada de la Escuela de Medicina de Harvard.

“Es mejor prevenir que curar, y muchos factores de riesgo de enfermedad cardíaca se pueden prevenir. Este estudio muestra el impacto que tiene el estilo de vida en la salud del corazón en mujeres de todas las edades, y en mujeres más jóvenes en particular”, resaltó Sagar Dugani, médico de medicina interna en un hospital de Mayo Clinic en Rochester, y uno de los primeros coautores del estudio.

Los investigadores analizaron aproximadamente 50 biomarcadores asociados con la salud cardiovascular. Las métricas de uso común como el colesterol de lipoproteínas de baja densidad (LDL) (o colesterol “malo”) y la hemoglobina A1C (una medida de los niveles de azúcar en sangre) tenían asociaciones mucho más débiles con la aparición de cardiopatía coronaria en mujeres menores de 55 años que la LPIR, una métrica más nueva para resistencia a la insulina.

La LPIR utiliza una combinación ponderada de seis medidas de lipoproteínas y se analiza mediante pruebas de laboratorio especializadas. Mientras que el colesterol LDL solo se asoció con un aumento del 40 por ciento en el riesgo de aparición de cardiopatía coronaria en mujeres menores de 55 años, LPIR demostró un aumento de seis veces (600 por ciento).

“En mujeres por lo demás sanas, la resistencia a la insulina, la diabetes tipo 2 y su diagnóstico hermano, el síndrome metabólico, fueron los principales contribuyentes a los eventos coronarios prematuros”, explicó Mora agregando que las mujeres menores de 55 años que tienen obesidad tenían un riesgo cuatro veces mayor de sufrir eventos coronarios, “al igual que las mujeres de ese grupo de edad que fumaban o tenían hipertensión. La inactividad física y los antecedentes familiares también son parte del cuadro”.

Los investigadores reconocieron que el estudio es limitado en su generalización: más allá de su enfoque en las mujeres, que han demostrado tener peores resultados después de eventos cardíacos prematuros que los hombres, sus participantes eran más del 95 por ciento de raza blanca. Según Mora, los hallazgos podrían ser aún más dramáticos en grupos étnicos y raciales que tienen una mayor prevalencia de síndrome metabólico, resistencia a la insulina y diabetes, entre otros factores de riesgo.

“La diabetes se puede prevenir en su mayoría, pero es un problema de todo el sistema y necesitamos con urgencia más investigación sobre nuevas estrategias para abordarla. Estas podrían ser estrategias innovadoras basadas en el estilo de vida, como esfuerzos comunitarios, mayores esfuerzos de salud pública, formas de apuntar médicamente a las vías metabólicas o nuevos enfoques quirúrgicos”, afirmó Mora.

Con la prevalencia de la diabetes y sus factores de riesgo asociados aumentando dramáticamente y afectando a más mujeres que hombres, los investigadores enfatizan la urgencia de desarrollar intervenciones efectivas. “Necesitamos nuevas estrategias para mejorar los resultados en estas personas más jóvenes y abordar el riesgo de diabetes, porque ahora solo estamos viendo el comienzo de esta epidemia”, enfatizó la autora.

 

 

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