Estudio sugiere que el índice de masa corporal en la niñez puede estar asociado a bulimia y anorexia en la vida adulta de mujeres

Una nueva investigación, presentada en el Congreso Europeo sobre Obesidad (ECO), sugiere que entre las niñas un índice de masa corporal (IMC) bajo durante la infancia indica un mayor riesgo de desarrollar anorexia nerviosa en la edad adulta, mientras que un IMC alto o sobrepeso en la infancia indica un mayor riesgo de bulimia nerviosa.

“Al examinar los registros de miles de niñas a lo largo de su vida en los registros nacionales de salud, hemos descubierto perfiles de alerta temprana que podrían señalar a las niñas en riesgo de padecer anorexia y bulimia nerviosas”, afirma la autora principal del trabajo, la doctora Britt Wang Jensen, del Hospital Bispebjerg y Frederiksberg de Copenhague (Dinamarca).

Según expusieron sus autores, el IMC se presenta como un factor de alerta para predecir estas enfermedades en edad adulta. “Estos resultados ponen de manifiesto la importancia de controlar regularmente el peso y la talla durante la infancia para identificar estos patrones lo antes posible”, aclararon.

Diversos estudios se han desarrollado sobre esta materia, donde algunos sugieren que un IMC alto precede a ambas enfermedades, mientras que otros sugieren que un IMC bajo precede a la anorexia nerviosa y un IMC alto precede a la bulimia nerviosa.

Para explorar esta cuestión en una cohorte de población, los investigadores daneses analizaron, en primer lugar, los datos de 66.576 niñas del Registro de Salud Escolar de Copenhague nacidas entre 1960 y 1996, que tenían información sobre la altura y el peso medidos en los exámenes de salud escolares anuales de 7 a 13 años.

En segundo lugar, para establecer la relación, se hizo un seguimiento a estas niñas desde los 10 hasta los 50 años, identificando los casos de anorexia y bulimia nerviosas en el Registro Nacional Danés de Pacientes y el Registro Central Danés de Investigación Psiquiátrica.

Durante el estudio, 514 mujeres fueron diagnosticadas de anorexia nerviosa a una edad media de 20 años, y 315 mujeres fueron diagnosticadas de bulimia nerviosa a una edad media de 23 años.

Los análisis sugieren “asociaciones inversas” significativas entre el IMC en la infancia y el riesgo de anorexia nerviosa en la vida posterior, lo que significa que el riesgo de anorexia nerviosa disminuye a medida que aumenta el IMC.

Por ejemplo, al comparar dos niñas de 7 años con una altura media y una diferencia de puntuación z en el IMC (equivalente a 2,4 kg), la niña con el IMC más alto tenía un riesgo 14% menor de desarrollar anorexia nerviosa que la niña con el IMC más bajo; a los 13 años el riesgo era un 28% menor.

Por el contrario, se observaron asociaciones significativas y positivas entre el IMC en la infancia y el riesgo de bulimia nerviosa. Por ejemplo, al comparar dos niñas de 7 años con una altura media y una diferencia de puntuación z en el IMC (equivalente a 2,4 kg), la niña más pesada tenía un riesgo un 50% mayor de padecer bulimia nerviosa que la niña más delgada en su vida posterior; a los 13 años el riesgo era un 33% mayor.

Además, en comparación con las niñas con peso normal a los 7 años, las niñas con sobrepeso tenían el doble de riesgo de desarrollar bulimia nerviosa en etapas posteriores de la vida; a los 13 años el riesgo se mantenía, pero era menor. Las asociaciones no variaron según la edad en el momento del diagnóstico.

A pesar de los resultados, los autores sostienen que se necesitan más estudios para descubrir los mecanismos subyacentes a estas asociaciones. Reconocen que los resultados son sólo asociaciones y señalan varias limitaciones, entre ellas que los diagnósticos de este estudio pueden ser casos más graves, ya que se basan en ingresos y contactos hospitalarios, lo que puede limitar la generalización de estos resultados a formas menos graves de estos trastornos alimentarios. Además, los análisis se limitaron a las niñas, ya que había muy pocos casos para analizar entre los niños.

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