Existen cerca de 8 enfermedades asociadas al consumo de cigarrillos

Más de ocho millones de personas mueren cada año por patologías derivadas del consumo de tabaco, de acuerdo con cifras de la Organización Mundial de la Salud (OMS). De ellas, una octava parte corresponde a fumadores pasivos, es decir, personas que no fuman, pero que reciben el humo de cigarrillos de terceras personas

La Dra. Guacolda Benavides, especialista en enfermedades respiratorias del Programa Pre-Pulmón de Clínica Universidad de los Andes, afirma que “el consumo de tabaco es una amenaza para la salud de la población a nivel mundial, a pesar de las estrategias implementadas para su control. La OMS ha reportado que el tabaquismo es la principal causa de muerte prevenible de las enfermedades no transmisibles”.

El cigarro, además del tabaco, contiene más de 7.000 sustancias químicas irritantes y cancerígenas que son causa directa de muchas enfermedades, algunas mortales. Una de las patologías más reconocibles es el Cáncer de Pulmón, donde los fumadores son 15 a 30 veces más propensos a padecer esta enfermedad

También está el riesgo de sufrir otros tipos de cáncer, puesto que el Hugo del cigarro entra en contacto con otros órganos de nuestro cuerpo. El tabaquismo se relaciona con cáncer bucal, de faringe, laringe, esófago y vejiga. En esta última, se depositan algunas de las sustancias del cigarro. Además, se ha establecido relación con cáncer de riñón, hígado, páncreas, estómago y colorrectal.

Entre las enfermedades al pulmón está la enfermedad Pulmonar Obstructiva Crónica (EPOC), que afecta a los bronquios y pulmones, en estos últimos, se destruyen los alvéolos, que son unos saquitos de aire microscópicos de los pulmones, sus paredes internas se debilitan y rompen, determinando obstrucción bronquial progresiva y daño en la oxigenación de los tejidos, lo que se traduce en que el fumador manifiesta tos crónica y dificultad para respirar.

Las enfermedades coronarias también están vinculadas al número de cigarrillos consumidos diariamente. En los hombres fumadores, el infarto agudo de miocardio puede aparecer, en promedio, una década antes en relación con los no fumadores y, si el consumo es mayor de 20 cigarrillos por día, puede anticiparse aproximadamente 20 años. Las mujeres no fumadoras desarrollan un primer evento coronario casi 10 años después que los hombres, en cambio, en las fumadoras, se da a edades similares a ellos.

Esto es porque el hábito de fumar se asocia a niveles más elevados de ácidos grasos libres, triglicéridos y colesterol total. Además, aumenta la frecuencia cardíaca, eleva la presión arterial, incrementa la actividad de coagulación (que lleva a una trombosis), produce daño a nivel endotelial de la arteria coronaria y de las arterias cerebrales.

La probabilidad de morir de un evento cardiovascular es el doble en quienes fuman versus un individuo que no lo hace. A medida que la persona va aumentando en edad, el riesgo de sufrir algunas de las patologías cardiovasculares se eleva considerablemente, especialmente desde los 40 años en adelante.

Por otro lado, un ataque cerebrovascular también puede estar relacionado con el hábito de fumar. Esta es una emergencia médica que produce un daño irreversible en el tejido cerebral y ocurre cuando el suministro de sangre a una parte del cerebro se ve interrumpido, impidiendo que el tejido cerebral reciba oxígeno y nutrientes. Por esta razón es que células cerebrales comienzan a morir. Un ACV puede derivar en parálisis, dificultad para hablar, alteración de la función cerebral y la muerte.

Además del mal aliento, el tabaco aumenta de 5 a 20 veces el riesgo de padecer una enfermedad periodontal en comparación con la población no fumadora. La característica típica de la enfermedad periodontal asociada al tabaco es la destrucción de los tejidos de soporte de los dientes, pérdida de hueso, formación de bolsas periodontales y pérdida dental.

Asimismo, peor cicatrización de heridas de la boca, ya sean producidas de forma accidental o en caso de cirugía periodontal, y extracciones dentarias. El riesgo de padecer cáncer oral en fumadores supera de tres a cinco veces a los no fumadores, este efecto es dosis-dependiente y el riesgo se multiplica de forma dramática junto con la ingestión de alcohol.

Por último, el tabaquismo duplica el riesgo de disminuir la función eréctil y deseo sexual, tanto en hombres y mujeres. Esto se explica por la disfunción endotelial que provoca, junto con el vasoespasmo por la acción directa de la nicotina, menor respuesta a los químicos que favorecen la erección. Además, está asociado también con una mayor prevalencia de infertilidad, abortos espontáneos, embarazos ectópicos, afecciones al feto y parto prematuro.

Ante estas complicaciones que se pueden evitar dejando el hábito de fumar, la Dra. Benavides asegura que nunca es tarde para dejar de fumar y que sus beneficios se observan a corto y largo plazo. Por ejemplo, a los 20 minutos se reducen la tensión arterial y la frecuencia cardíaca elevadas, a las 12 horas: el nivel de monóxido de carbono en el torrente sanguíneo vuelve a la normalidad, entre las dos y doce semanas mejoran la circulación y la función pulmonar y en los nueve primeros meses se reducen la tos y la disnea.

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