Terapias alternativas: un 97% de los chilenos acuden a ella sin derivación médica

Un 92% de las personas recurre a las terapias alternativas o complementarias sin ser derivados por un profesional del área de la salud. Así lo reveló una encuesta realizada por la Universidad Autónoma de Chile, que buscó perfilar el uso de estos tratamientos entre la población y el conocimiento que existe en torno a ellos.

“Es posible que una situación similar se de en la población general, lo cual es preocupante, dado que al no ser mediada la consulta por un profesional de la salud o en alguna institución de salud, es posible que no se tomen en cuenta todas las precauciones y resguardos necesarios como para evitar que se puedan producir daños físicos o mentales ligados a la atención”, indica el psiquiatra Álvaro Tala, director de la Unidad de Educación de Ciencias de la Salud de la U. Autónoma y encargado de la encuesta.

Para el académico, es de relevancia  mirar este fenómeno, puesto que el auge de las llamadas “terapias alternativas, complementarias e integrativas” suelen no estar mediadas por un especialistas de la salud y resultan atractivas al tener, en ocasiones un costo menor a los tratamientos médicos y al prometer, en muchas ocasiones, tratamientos infalibles y/o sin riesgos.

Según los últimos datos oficiales informados por el Departamento de Estadísticas e Información de Salud (DEIS) del Minsal, durante el 2020 hubo 62.975 atenciones individuales de Medicina Complementaria y Prácticas de Bienestar, de las cuales 51.915 fueron mediante prácticas no reguladas por el ministerio. Además 29.163 atenciones fueron por Terapeutas Complementarios que no se categorizaron como profesionales de la salud.

“Sin considerar la gran cantidad de atenciones que probablemente no se registran a nivel del Minsal, los datos anteriores ya hablan del gran uso que hay en la población chilena de estas terapias y de la escasa regulación al respecto”, comentó Tala.

El sondeo contó con un total de 683 participantes -de Santiago, Talca y Temuco-, de los cuales el 72% indicó haber recurrido a este tipo de terapias. De ellos, el 77% son mujeres.

Las más populares

Según la encuesta, el 58% de los consultados sostuvo haber acudido a este tipo de tratamiento para complementar una terapia tradicional. Entre las más mencionadas estuvieron las flores de Bach, acupuntura, reiki, biomagnetismo y homeopatía.

“La gente acude motivada -detalla Tala- por dolencias de toda índole, física y mental, pero también por otros motivos. Por ejemplo, muchas personas mencionaron el fácil acceso o el costo menor. También por prejuicios o experiencias negativas en el sistema de salud como la noción de que en él no se abordan las problemáticas de forma integral, incluyendo aspectos como la visión del cuerpo como un todo y la espiritualidad, sino que más bien se utilizan fármacos con fines sintomáticos”.

Otros encuestados señalaron haber recurrido a estas opciones porque los tratamientos tradicionales no dieron resultados o produjeron muchos efectos adversos, existiendo la creencia -en algunas personas- de que estos métodos alternativos tendrían más efectividad y no presentan efectos adversos, lo cual no es respaldado por la ciencia. En esta línea, el 39% de las personas participantes en el sondeo reconocieron no haber averiguado sobre los potenciales daños del tratamiento no tradicional.

“Más que desincentivar el uso de estas terapias – teniendo en cuenta los eventuales costos y riesgos para personas particularmente vulnerables- se debe promover la valoración e integración crítica de estas. Por ejemplo, no es lo mismo acudir a un acupunturista autodidacta formado por YouTube o certificado tras un curso online de un par de horas, que a uno formado en una institución universitaria y acreditado por el Minsal”, afirmó el académico.

A su juicio, para su adecuado desarrollo e integración al sistema de salud nacional es crucial que se produzca una mayor colaboración entre los diversos actores del mundo de estas terapias con instituciones como el Minsal y las universidades, de tal forma de no privar a las personas de terapias que eventualmente podrían serles de utilidad, dentro de un marco regulado que resguarde su seguridad y que permita el avance hacia una visión más integral en la atención de las personas.

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