La edad promedio de diagnóstico en países desarrollados es de 3, en chile es de 4 años

El caso de un niño autista de seis años, quien habría sufrido un episodio de discriminación por parte de la directora de su colegio, en la comuna de La Calera, generó una preocupación masiva. El menor habría sido apartado del resto de la comunidad estudiantil por no portar mascarilla al momento de su ingreso.

Esto generó que rápidamente se abriera una investigación para determinar responsabilidades y sanciones por dicha discriminación. Y es que, si hace 10 años uno de cada 600 niños y niñas nacían con trastornos del espectro autista (TEA), hoy uno de cada 51 es diagnosticado con una distribución por sexo de cuatro niños por una niña, dejando en evidencia el importante universo existente en el país y su concientización.

Según los resultados de “Estimación de la prevalencia de trastorno del Espectro Autista en población urbana chilena” realizado por la Revista Chilena de Pediatría, Chile supera la prevalencia de diagnósticos en comparación a países a nivel mundial como Estados Unidos que reporta uno en 59, Inglaterra con uno en 57, Colombia con uno en 68, España con uno en 100 y México con uno en 115.

El Día Mundial de la Concienciación sobre el Autismo se creó como una instancia para conocer más respecto al TEA y, por ende, ser conscientes de su diagnóstico precoz. En este contexto, la psicóloga de Clínica Los Leones, Carolina Alarcón, explica que “el TEA es un trastorno neurobiológico que afecta a la configuración del sistema nervioso y al funcionamiento cerebral, por lo tanto, existen distintos niveles y cada uno con características únicas y diferentes”.

Estos trastornos tienden a ser detectados en la primera infancia, aunque, por lo general, no se evidencian hasta una edad más avanzada. En países desarrollados, la edad promedio de diagnóstico es de 3 años, mientras que en Chile es de 4, lo que hoy se considera bastante tardío. Hoy, acelerar este proceso es fundamental para fomentar una estimulación temprana y procurar un mejor pronóstico a futuro.

Y en que las señales son esenciales, por ende, el abordaje familiar y escolar para contener aquellos momentos difíciles es lo primero. “Los niños y niñas tienen descompensaciones muy fuertes, debe existir un manejo emocional a través de la regularización bastante manejado. Y eso mucha gente no lo sabe, se confunde y cree que son pataletas, generando una frustración en la persona, se siente decepcionado y puede llegar a ser agresivo consigo mismo”, señala Carolina Alarcón.

Si no hay diagnóstico, el camino puede ser solitario y duro, por lo que se trabaja arduamente para que la sociedad empatice con este tipo de trastornos cuya prevalecía va en aumento variando entre 0,5% y 1% alrededor del mundo. Generar consciencia respecto a su diagnóstico precoz, es fundamental para acceder al tratamiento adecuado.

Es por esto que la especialista de Clínica Los Leones recomienda que, al momento de realizar el diagnóstico, tener una consulta con el profesional encargado para la aceptación del trastorno –neurólogo infantil o psiquiatra infantil, acompañado de un psicólogo, psicopedagogo y educador diferencial-, de este modo se puede establecer un plan de intervención.

Según Carolina Alarcón, dicho plan debe reunir tres puntos importantes: “favorecer la interacción social con sus pares, estimular el lenguaje y evitar conductas y/o comportamiento repetitivo, mientras que, en algunos casos, deberán ser entrenados para realizar la desensibilización sensorial”.

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