Los omega-3 podrían potenciar el poder de la inmunoterapia para combatir el cáncer

Los resultados de un nuevo estudio realizado en ratones sugieren que los ácidos grasos omega-3 podrían ayudar a la inmunoterapia y a otros tratamientos a combatir mejor el cáncer.

Las inmunoterapias, que estimulan el sistema inmunitario del propio organismo para que ataque el cáncer, han revolucionado el tratamiento del cáncer, pero no funcionan para todos los pacientes.

«Las intervenciones dietéticas pueden ser herramientas poderosas porque son relativamente sencillas y poco costosas de implementar”, explica Abigail Kelly, asistente de investigación en el Centro Médico Beth Israel Deaconess de la Escuela de Medicina de Harvard (Estados Unidos).

Según la investigadora, “nuestros hallazgos muestran que la suplementación con omega-3 tiene el potencial de mejorar ampliamente la inmunoterapia y otros medicamentos contra el cáncer en el ámbito clínico».

Las investigaciones de varios laboratorios han sugerido que los ácidos grasos omega-3 pueden ayudar a reducir el riesgo de cáncer, mientras que consumir demasiados ácidos grasos omega-6 puede estimular el cáncer. Las fuentes de omega-3 son el pescado, los frutos secos y las semillas, mientras que los omega-6 se encuentran en las carnes, los huevos y otros alimentos.

En los nuevos estudios, Kelly y el autor principal, Dipak Panigraphy, querían averiguar cómo las dietas suplementadas con estos ácidos grasos afectaban a la actividad antitumoral de la inmunoterapia de bloqueo de puntos de control inmunitarios y de una terapia antiinflamatoria que inhibe la enzima epóxido hidrolasa soluble (sEH). La inmunoterapia cuenta con la aprobación reglamentaria y se está utilizando clínicamente, mientras que la terapia antiinflamatoria está en fase de desarrollo clínico.

Para el nuevo estudio, presentado en la reunión anual de la Sociedad Americana de Patología Investigativa durante el encuentro de Biología Experimental (EB) 2022, que se celebrará en Filadelfia, los investigadores utilizaron modelos de ratón de última generación con tumores primarios y metastásicos.

Comenzaron alimentando a los ratones con una dieta estándar o con una dieta rica en omega 3 o 6 durante 10 días antes de la inyección del tumor y durante la duración de los estudios. Una semana después de la inyección de los tumores, los ratones de cada grupo de dieta empezaron a recibir inmunoterapia, terapia antiinflamatoria, ambas terapias juntas o ningún tratamiento.

Los investigadores descubrieron que la suplementación con ácidos grasos omega-3 en la dieta bloqueaba el crecimiento del tumor en los ratones tratados con inmunoterapia, con el inhibidor de la sEH o con ambos tratamientos juntos. Por el contrario, los ratones sometidos a una dieta rica en omega-6 y que recibieron inmunoterapia experimentaron un crecimiento tumoral acelerado en ciertos tipos de tumores.

En los ratones que recibieron la dieta alta en omega-3 y ambos tratamientos contra el cáncer, se inhibió hasta un 67 por ciento del crecimiento tumoral en comparación con los ratones que no recibieron ningún tratamiento y una dieta normal. Esto indica una posible actividad antitumoral sinérgica, lo que significa que el efecto combinado puede ser mayor que la suma de sus partes.

“Demostramos, por primera vez, que la combinación de inmunoterapia y tratamiento antiinflamatorio (sEHi) era más eficaz cuando los ratones eran alimentados con dietas enriquecidas con ácidos grasos omega-3”, explicó Kelly agregando que “esto es muy prometedor porque la suplementación dietética es fácil de implementar para los pacientes con cáncer y se puede añadir para los pacientes que ya están en inmunoterapia».

Los investigadores están realizando ahora estudios adicionales para determinar el mecanismo de acción de la actividad antitumoral potencialmente sinérgica impartida por la suplementación con omega-3.

Están llevando a cabo estos estudios con tejidos y células cancerosas humanas, células inmunitarias humanas y modelos animales para ayudar a trasladarlos a los pacientes con cáncer. Estos nuevos resultados de Kelly y sus colegas pueden representar un nuevo enfoque de tratamiento que aún debe ser evaluado en humanos.

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