Evalúan soluciones beneficiosas para proteger la salud y conservar los ecosistemas

Una amplia revisión de documentos e informes académicos ha evaluado 46 soluciones «beneficiosas para todos» propuestas para reducir la carga de las enfermedades infecciosas humanas y avanzar en los objetivos de conservación. El estudio, publicado en la revista ‘The Lancet Planetary Health’, pone de relieve diversos y amplios puntos brillantes en los que podría haber oportunidades para salvaguardar simultáneamente la salud humana y la de los ecosistemas.

Casi 30 investigadores de Estados Unidos y de diversos países han realizado el estudio, entre los que se encontraban investigadores académicos, profesionales de organizaciones gubernamentales y sin ánimo de lucro, y veterinarios.

Skylar Hopkins, profesora adjunta de ecología aplicada en la Universidad Estatal de Carolina del Norte (NC State), en Estados Unidos, y autora correspondiente del estudio, destaca que el grupo interdisciplinario trabajó en esta síntesis durante cuatro años buscando minuciosamente en la bibliografía académica existente posibles soluciones y luego desarrolló un nuevo proceso para determinar si una solución específica «beneficiosa para todos» es segura, factible y rentable.

Descubrieron que las soluciones tienen distintos niveles de evidencia de éxito, de las que algunas ya tienen un fuerte apoyo y otras están maduras para ser estudiadas.

“Nos gusta pensar en estas soluciones como si fueran opciones de un menú a medida. Para seleccionar y diseñar una solución que satisfaga sus necesidades, va a necesitar mucha información. Por eso ofrecemos un resumen de pruebas para cada solución También creamos un proceso de decisión que cualquiera puede seguir, para que los investigadores y los responsables de la toma de decisiones puedan diseñar sus propias soluciones o evaluar si una solución existente funcionará en su situación», explica Hopkins.

Pero Hopkins reconoce que no fue fácil evaluar algunas de las posibles soluciones. «A veces las pruebas de una posible solución eran contradictorias. Un estudio sugeriría que una intervención reduciría la carga de enfermedades humanas y otro estudio sugeriría que la misma intervención aumentaría la carga de enfermedades humanas», recuerda.

«Las posibles soluciones también podrían tener compensaciones o impactos colaterales, cuando la intervención fuera buena para algunas personas pero no para otras», añade, por lo que el equipo tuvo que desarrollar un método para cuantificar la diversidad de pruebas, la coherencia y la aplicabilidad para hacer frente a estas complicaciones.

La lista de 46 soluciones sólo muestra una con una evidencia «alta» tanto para las implicaciones positivas para la salud humana como para la conservación: vacunar a los perros para reducir la transmisión de la rabia a la fauna salvaje y a las personas. Varias de las soluciones se centran en los perros y gatos domésticos como reservorios de la enfermedad.

«Algunas de las 46 soluciones propuestas son aplicadas a gran escala por gobiernos nacionales o internacionales. Otras pueden llevarse a cabo a pequeña escala, incluso por particulares. Cada vez que usted vacuna a sus mascotas o educa a su gatito para que lo paseen con correa en lugar de vagar sin supervisión, está aplicando una de estas soluciones», señala Hopkins.

El grupo de trabajo fue financiado por la Science for Nature and People Partnership después de que algunos miembros del equipo pasaran años estudiando la esquistosomiasis humana en África, una enfermedad debilitante causada por el contacto con agua contaminada con parásitos de caracoles. La población de caracoles se disparó cuando un río fue represado y los langostinos, que se alimentan de los caracoles, no pudieron migrar. La posible solución que sugieren es volver a introducir gambas en el río.

El equipo se puso a buscar otros ejemplos de posibles soluciones beneficiosas para todos, sin saber si encontrarían muchos o pocos ejemplos más. Descubrieron que las 46 soluciones potenciales cubrían seis de los siete continentes del mundo –todos menos la Antártida– e incluían muchos de los principales patógenos y métodos de transmisión de enfermedades conocidos en el mundo.

Las soluciones también abordan la mayoría de los problemas medioambientales más acuciantes del mundo, como el cambio de uso del suelo debido a la agricultura, la urbanización, la explotación de recursos y las especies invasoras.

Veintisiete de las soluciones se centran en esfuerzos de conservación que también tienen beneficios para la salud humana; muchas implican la gestión de especies, como los parásitos del caracol que contaminan las fuentes de agua de los pueblos. Seis de las soluciones se refieren a intervenciones de salud pública que también tuvieron beneficios para la conservación.

«La gente me pregunta a menudo cuál es mi solución favorita –comenta Hopkins– y es difícil elegir, pero siempre me impresionan los programas que pretenden mejorar el acceso a la atención sanitaria, la educación y las oportunidades de subsistencia de las personas que viven cerca de los bosques protegidos, las reservas marinas u otros focos de biodiversidad. Cuando esas comunidades tienen más poder sobre su bienestar, pueden utilizar los recursos de forma más sostenible, lo que frena las tasas de deforestación y la degradación marina», subraya.

Trece de las soluciones no son específicas de la salud humana o la conservación, pero afectan a ambos sectores. Según los investigadores, se propone sustituir las cocinas de leña por otras más limpias para reducir la deforestación y las dolencias relacionadas con el humo.

«Los responsables políticos buscan oportunidades para impulsar simultáneamente múltiples objetivos de desarrollo sostenible, como ‘garantizar una vida sana y promover el bienestar para todos’ y ‘conservar la vida en la tierra y bajo el agua’. Es un trabajo importante, pero puede parecer abstracto o intangible. Esperamos que este estudio dé vida a esos esfuerzos con ejemplos del mundo real», concluye Hopkins.

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