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¿Cómo afecta el clima a nuestra salud mental?

La falta de luz durante el periodo invernal o el miedo a los desastres naturales pueden generar una condición conocida como Trastorno Afectivo Estacional (TAE) a la que hay que poner atención, según plantea la académica de la Universidad de Talca, Nadia Ramos Alvarado.

Por Rodrigo Bustamante 3 min de lectura Actualizado el 24 de junio

El invierno es un periodo en que un porcentaje de la población experimenta síntomas muy similares a una depresión, lo que es conocido como Trastorno Afectivo Estacional (TAE).

Esta condición se caracteriza por el aumento de la sensación de “tristeza, disminución del disfrute, del deseo sexual, pérdida de interés, cansancio, aumento de la necesidad de dormir y comer”, según plantea la directora del Centro de Psicología Aplicada (CEPA) de la Universidad de Talca, Nadia Ramos Alvarado.

Si bien todos los trastornos del área de salud mental tienen múltiples causas, en el TAE “la falta de luz solar es una de ellas, pero no es la única. También hay elementos del contexto cultural, características personales e incluso antecedentes genéticos que pueden influir”, explica la especialista.

La académica detalla que su tratamiento “en general, es similar al de la depresión. Se ha estudiado también la terapia con luz (fototerapia) que puede ayudar en algunos casos, pero no en todos”.

Al ser consultada sobre las acciones preventivas frente a este trastorno, señala que “lo más relevante es tener un buen diagnóstico. Si es algo recurrente, las personas deben anticiparse para aprender a manejarlo”.

Respecto del uso de medicamentos para esta condición, la académica señala que “los estudios demuestran que utilizar farmacoterapia ayuda a transitar de mejor forma el periodo invernal. Aunque eso no significa que tengan que estar siempre medicándose”.

“Es más bien preventivo, puede comenzar en otoño a utilizar fármacos, para luego dejarlos en primavera, donde los síntomas se reducen. Los tratamientos psicoterapéuticos también contribuyen, ya que entregan herramientas para aprender a lidiar mejor con estos estados y ayudar a prevenir que las personas puedan desarrollarlos en el futuro”, expresa.

Ecoansiedad

La Asociación Estadounidense de Psicología define la ecoansiedad como el miedo crónico a la fatalidad medioambiental, que puede incluir la res­puesta a la crisis climática y ecológica, y también a problemas ambientales, las catástrofes naturales y sus consecuencias, como también los fenómenos meteorológicos extremos.

Si bien la ecoansiedad ha sido descrita “como un malestar emocional significativo que incluye una amplia gama de emociones, no es una enfermedad mental”, explica la directora del CEPA UTalca.

La ecoansiedad también se le conoce como ansiedad climática y las reacciones que provoca son variadas, “siendo lo más común sentir malestar similar a la depresión, ansiedad y estrés postraumático. Es generado por la toma de conciencia sobre la magnitud de los impactos presentes y futuros de la crisis ambiental o climática”, destaca la especialista.

“Hay una gama de emociones que las personas pueden experimentar, pero no es un trastorno propiamente tal, aunque sí genera dificultades en las personas. La mayor dificultad es cuando las personas sienten que quedan como paralizadas por este miedo a los efectos del cambio climático y sienten que no pueden hacer nada al respecto”, aclara.

Nadia Ramos remarca que es importante que “las personas comprendan que pueden estar pasando por una situación como esta y participen activamente de espacios como las huertas comunitarias o instancias donde se discuta sobre los efectos del clima, pero desde una perspectiva de esperanza, de cambios y mejoras para no quedarse paralizado solo desde el miedo y el no puedo hacer nada”.

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