El problema de la resistencia a los antimicrobianos para el tratamiento de enfermedades

El surgimiento de los antibióticos se remonta a 1928, cuando Alexander Fleming se percató de que un hongo había contaminado sus cultivos de estafilococos, destruyéndolos. Se dedicó a observar y, con ello, descubrió la penicilina, antibióticos del grupo de los betalactámicos empleados profusamente en el tratamiento de infecciones provocadas por bacterias sensibles.

Gracias a este hallazgo, los antibióticos son utilizados hasta hoy para combatir las infecciones bacterianas tanto en humanos como animales. Su cualidad es que son capaces de matar o dificultar el crecimiento de las bacterias que provocan enfermedades sin dañar al paciente.

En palabras de José Antonio Escudero, académico e investigador en Microbiología de la Universidad Complutense de Madrid, los antibióticos “son, probablemente, junto con las vacunas, uno de los avances científicos más importantes en medicina”. Sin embargo, en los últimos años se ha extendido una preocupación sobre el funcionamiento de este medicamento.

En 1945, el mismo Fleming, tras recibir el premio Nobel, advirtió que el mal empleo de los antibióticos podría crear bacterias resistentes, sin embargo, esta afirmación no se tomó en cuenta hasta hace pocas décadas cuando se visibilizó que se estaban formando bacterias multirresistentes y que no se encontraban nuevos antibióticos.

Se estima que producto de la resistencia a antibióticos, cerca de 700.000 personas mueren al año en el mundo y que para 2050, esa cifra se elevará a 10 millones de muertes. Por ello, la Organización Mundial de la Salud, desde 2015 celebra la “Semana Mundial de Concienciación sobre el Uso de los Antimicrobianos”, en la penúltima semana de noviembre de cada año para concienciar sobre la resistencia a los antimicrobianos a nivel mundial y fomentar prácticas óptimas.

Según sostiene el investigador en The Conversation, “si no conseguimos frenar la resistencia, las bacterias volverán a ser la primera causa de muerte para la humanidad, y también se cumplirá la predicción de Louis Pasteur de que los microbios tendrán la última palabra”.

Integrón y su labor en la multirresistencia de las bacterias

A pesar de lo dicho por Fleming, la comunidad científica y médica infravaloró la capacidad de evolucionar que tienen las bacterias, quienes tienen múltiples estrategias para superar a los antibióticos.

Escudero explica que existen distintas formas que adoptan las bacterias para sobrevivir. Una de ellas es la transferencia horizontal de genes, donde distintos microorganismos intercambian ADN. Otra de ellas es el acelerador evolutivo “integrón”, plataforma genética que permite a las bacterias captar genes que aportan nuevas funciones, actuando como memorias que almacenan funciones que son útiles para la bacteria. “Si la bacteria sufre el ataque de los antibióticos, el integrón se activa y reordena sus genes para dar con el gen de resistencia al antibiótico que ahora va a matarla”, detalla.

En síntesis, el integrón funciona como una memoria bacteriana que permite aprender nuevas funciones, disminuyendo su gasto energético cuando no sea necesario usarlas y activarlas cuando la situación lo amerite.

El investigador junto a colegas de la Universidad Complutense y de Oxford, desarrollaron un método para estudiar al Integrón en acción. Construyeron dos integrones casi idénticos en la bacteria patógena Pseudomonas aeruginosa (produce infecciones respiratorias).

Según detalla el experto, “lo que nuestros experimentos demuestran claramente es que cuando el integrón funciona permite la supervivencia de más poblaciones a concentraciones altas de antibiótico que cuando no funciona. La secuenciación ha demostrado que al principio de esta carrera evolutiva el integrón recoloca al azar sus genes de resistencia generando variabilidad genética muy rápido. Y sobre esta variabilidad puede actuar la selección por el antibiótico”.

Preocupación por la resistencia de antimicrobianos

Para la OMS la principal preocupación es que esta resistencia a los antibióticos complica el tratamientos de enfermedades. “Es especialmente alarmante la rápida propagación mundial de bacterias multirresistentes y panresistentes (denominadas también «superbacterias») que provocan infecciones que no pueden tratarse con los medicamentos antimicrobianos al uso, como los antibióticos”, sostiene la organización.

Una de sus causas es la irresponsabilidad del uso de antibióticos para tratar las afecciones. Profesionales de la salud hacen un llamado a solo ingerir estos medicamentos según prescripción médica, puesto que los microorganismos aprenden a defenderse, generando de esta forma resistencia a los medicamentos.

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