Dr. Rubén Alvarado: “Se deben trabajar políticas de cuidado y protección de la salud mental para los trabajadores de la salud”

El 55% de los profesionales y trabajadores de la salud mostraron indicadores elevados de distrés psicológico durante la pandemia y el 10% planteó haber tenido ideas de muerte. Estos datos fueron recogidos por el equipo de investigación liderado por el Dr. Rubén Alvarado, académico de la Escuela de Salud Pública de la Universidad de Chile.

“Lo primero que confirmamos es que los niveles de estrés son altos. Alrededor de un 55% de los trabajadores muestran indicadores de un impacto psicológico negativo. Encontramos que hay varios factores que provocan esta situación y también hay otras que apuntan a aquellas cosas que podrían reducir estos niveles de estrés”, sostiene el investigador.

Esta investigación, que recientemente se publicó en la Revista Médica de Chile como artículo especial, se enmarca en el estudio de alcance internacional The COVID-19 Health Care Workers Study. En el caso de Chile, muestra que existe una elevada proporción de las personas del equipo de salud que presentan síntomas depresivos e ideación suicida, a niveles mayores encontrados en estudios previos.

¿Por qué estudiar la salud mental de los trabajadores de la salud durante la pandemia?

Me pareció que era un tema importante, sobre todo porque en general no existen políticas permanentes de protección de la salud mental de los trabajadores, a parte de las iniciativas que tiene la Superintendencia de Seguridad Social en que se evalúan riesgos psicosociales en el trabajo.  Quienes trabajan en el área de salud tienen ciertas características propias que los hacen enfrentarse a la muerte, a la enfermedad, situaciones que a veces implican tomar decisiones sobre seres humanos que son bastante difíciles. Frente a eso se me ocurrió que este era un problema muy importante de estudiar, sobre todo en el contexto de pandemia donde los factores mencionados se acentúan.

Para entender el contexto de la investigación a nivel global, ¿cómo surgió la iniciativa?

La iniciativa surgió a fines de marzo del año pasado, cuando observaba lo que estaba sucediendo en los reportes de trabajadores de la salud en China, que fueron los primeros en describir el impacto negativo en la salud mental de los trabajadores de la salud. Nos reunimos con tres colegas investigadores jóvenes, uno de ellos terminando su doctorado en la Universidad de Columbia, donde además yo tengo un colega con el que hemos tenido varios proyectos de investigación internacionales. Le comenté la idea, le pareció buena y decidió sumarse. Además, me contacté con otros colegas de algunos países latinoamericanos como Brasil, Perú, Argentina, Ecuador, México. Luego, varios estudiantes del programa de doctorado en la Universidad de Columbia se sumaron al estudio (de España, Alemania, Holanda e Italia). Por ellos llegamos a colegas de otros países en África, el Medio Oriente y Australia.

¿Qué características distintivas tiene este estudio respecto a otras investigaciones que se han hecho en salud mental acá en Chile?

La primera es que es un estudio de cohorte. Esto significa que es un estudio donde vamos a seguir a los trabajadores de la salud a lo largo de dos años planificando tres evaluaciones. Se hizo la primera entre agosto y octubre del año pasado. Luego, hicimos una segunda evaluación, más o menos en esa misma fecha este año, que recién acabamos de terminar. Ahora nos encontramos planificando una tercera evaluación que seguramente va a ser en el transcurso del primer semestre de 2022. De esta forma, no se evalúa la situación en un momento determinado como en la mayoría de los estudios, sino que estamos haciendo un seguimiento. Los instrumentos que se están usando son instrumentos que permiten verificar niveles de malestar psicológico y niveles de síntomas depresivos por medio de la aplicación de cuestionarios.

El segundo elemento distintivo es que nosotros incluimos todos los tipos de trabajadores de la salud. Los primeros estudios se concentraron en lo que se llamó la “primera línea”, aquellos que estaban atendiendo a personas con diagnóstico de COVID-19 en servicios de pacientes críticos o equivalente. Nosotros tenemos la idea de que el conjunto del personal sanitario está sometido a una situación de tensión mucho mayor que en la que habitualmente está, y que ya es alta. Por eso, consideramos personal administrativo, personal que de gestión, y otros que no necesariamente están viendo pacientes en forma directa.

El tercero elemento distintivo es que estamos usando instrumentos estandarizados que son comunes en todos los países, lo cual nos va a permitir hacer una comparación entre ellos. Así, por ejemplo, podremos evaluar los niveles de estrés en distintos tipos de sistemas de atención de salud, que también es un elemento importante. O sea, imagínate lo que sucede en el sistema de salud con muchos menos recursos, como es el caso de países en África. Su situación es muy diferente a lo que nos encontramos en Chile o en Europa

¿Cuáles son los principales resultados que han recopilado hasta el momento?

Confirmamos que los niveles de estrés son altos, como lo hemos señalado en los informes que han sido públicos. Alrededor de un 55% de los trabajadores muestran indicadores de un impacto psicológico negativo y en un orden de un 30% presentan síntomas depresivos de una intensidad moderada a grave, además, alrededor del 10% presentan ideas suicidas, uno de los resultados negativos más preocupantes.

¿Qué fatores agravan la salud mental de los trabajadores de la salud?

Entre los factores importantes que hemos encontrado están el que ellos cuenten con equipos de protección personal suficientes y de calidad. Además, el apoyo que se brinda en el lugar de trabajo, que sirve como protector de la salud mental, junto con el apoyo que proviene de la familia. La familia no la podemos manejar, pero el entorno de trabajo sí. Por ello hemos estado promoviendo que se realicen acciones que permitan el cuidado de los equipos que están trabajando en salud durante esta pandemia, tales como dar espacio para que los equipos puedan conversar, desahogarse, contar lo que les ha pasado y que los supervisores puedan escucharlos analizando los problemas que han tenido y busquen soluciones en conjunto. El desahogo siempre sirve para reducir los niveles de estrés y esto depende de la gestión local. También se debe prestar atención a aquellos que pudieran estar presentando indicadores de un cuadro depresivo.

Otro aspecto fuertemente significativo fueron todas las experiencias más traumáticas de estigmatización, discriminación y violencia contra el personal de salud, más fuertemente vivido en los equipos de atención primaria. Ahí hay una acción muy importante de los directivos locales, de los municipios, donde tienen el deber de proteger o cuidar más a sus trabajadores y trabajadoras. Ha sido muy extraño y llamativo que nuestros trabajadores de la salud, que tienen una fuerte vocación de servicio y de ayuda a otros, al mismo tiempo sean objeto de violencia por parte de la población cuando están realizando acciones para cuidarlos a ellos. Creo que debiéramos reflexionar más sobre esto y sobre por qué sucede.

¿Por qué la pandemia agudiza los problemas de salud mental de los trabajadores de la salud?

Lo que a nadie le cabe duda es que los trabajadores de la salud han estado en una situación de alta tensión, en contacto directo con el riesgo: con el riesgo de contagiarse ellos y a su familia. Están viendo a personas que enferman grave, que mueren. Están sometidos, a veces, a situaciones de estigmatización o de violencia. Sus condiciones laborales han cambiado, los niveles de trabajo son bastante más complejos, no solo por el cambio de funciones que han tenido, que ya es suficientemente importante, sino que imagínate lo que significa estar atendiendo a una persona y cada vez que se atienden un paciente, tener que limpiar, lavarse las manos, volver otra vez a cambiar guantes, satinizar la oficina en la cual estaba atendiendo y otros cuidados que deben tomar. A eso agrégale que se trabaja con un delantal plástico, que estás usando mascarilla todo el tiempo, además de escudo facial. Trabajar en estas condiciones es muy pesado. Y se repite así todos los días, cinco días a la semana, lo que lo torna realmente muy agotador.

¿Para la tercera evaluación esperan que esto se mantenga o disminuya?

Es difícil hacer un pronóstico porque aún no es clara la forma en que evolucionará esta pandemia, pero lo más probable es que los niveles de estrés se mantengan durante un tiempo y una vez terminada la pandemia se vayan reduciendo progresivamente. Algunas personas van a desarrollar cuadros más permanentes y podrían llegar a cumplir los criterios diagnósticos de un trastorno, como por ejemplo de un cuadro depresivo o de un trastorno de estrés postraumático, etcétera. Eso lo vamos a ver solo con el tiempo. Por eso, era importante hacer un seguimiento y así identificar lo que va pasando con la salud mental de los trabajadores e ir entregando alertas para orientar a los tomadores de decisiones en políticas públicas.

Considerando estos resultado y lo que comentaba respecto a políticas de protección de salud mental en trabajadores de salud, ¿Qué cree usted que se debería hacer?

Esto va a ser una de las grandes lecciones que debería quedar. Necesitamos implementar políticas públicas permanentes de cuidado y protección de la salud mental, en general para todos los trabajadores y en particular para los del sector salud. Uno de los grupos de trabajo que se generó a partir de nuestro estudio empezó a analizar la existencia de políticas públicas que varios de los países de América Latina tenían o que desarrollaron a lo largo de la pandemia. Se estudiaron cerca de ocho países, entre los cuales estaba Chile. Uno de los hallazgos más interesantes fue que ningún país tenía una política de protección de salud mental de sus trabajadores y ningún país desarrolló una política comprensiva de cuidado de la salud mental. Lo que se hizo fueron medidas específicas, por ejemplo, poner fonos o páginas de ayuda, donde el trabajador que se sentiera mal pudiera llamar. ¿Pero sabes qué pasa con eso? Que la gente que trabaja en salud está acostumbrada a trabajar con ciertos niveles de estrés.  Estas iniciativas se basan en la idea de que la persona que siente que necesita ayuda lo va a usar, pero resulta que uno de los problemas es que la gente que trabaja en salud habitualmente reconoce muy poco su propia necesidad de ayuda. Entonces, eso no va a funcionar. Si tú esperas que la gente vaya activamente en busca de ayuda, no lo harán. Están dedicados a ayudar a otros. Están menos mirándose a sí mismo y mucho más mirando lo que necesitan otros.

Entonces, ¿qué es lo que se debería, por ejemplo, hacer el Ministerio de Salud?

Creo que hay que desarrollar una política permanente de cuidado y protección de la salud mental. La idea es que a nivel institucional se dejen espacios, por ejemplo, para conversar sobre salud mental, para hablar de las cosas que suceden. Los gestores, los líderes, los equipos tienen que aprender a desarrollar acciones que combinen la dedicación a las tareas con los estados afectivos de los equipos. También es importante que haya políticas orientadas a identificar cuando algún trabajador está teniendo un problema y los equipos deben poder brindarles una primera ayuda, que incluya vincularlos con algún sistema de apoyo específico para tratar sus problemas de salud mental.

Compartir este artículo

Artículos relacionados

En un artículo de revisión publicado en Nature Cardiovascular Research por expertos en cardiología, neumología y ciencias de investigación básica del Brigham and Women's Hospital, los investigadores exponen la evidencia que demuestra cómo el asma alérgica y otras alergias asociadas pueden ser factores de riesgo de CVD y cómo los medicamentos administrados para tratar el asma también puede influir en el riesgo de ECV.
Se cree que la corteza cerebral es la sede del procesamiento consciente en el cerebro. En lugar de inactivarse, algunas células específicas de la corteza cerebral muestran una mayor actividad espontánea durante la anestesia general que cuando se está despierto, y esta actividad se sincroniza entre esas células corticales. Una mejor comprensión de los mecanismos neuronales de la anestesia general podría dar lugar a mejores fármacos anestésicos y a mejores resultados quirúrgicos.